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La retención de IRPF es la cantidad qué el pagador de determinadas rentas (empresa empleadora, banco, cliente qué contrata a un profesional autónomo) está obligado a detraer del importe bruto y a ingresar directamente en la Agencia Tributaria a cuenta del Impuesto sobre la Renta de las Personas Físicas qué finalmente deberá satisfacer el perceptor. El tipo aplicable varía según la naturaleza de la renta: los rendimientos del trabajo siguen las tablas progresivas del Reglamento del IRPF (Real Decreto 439/2007) según el salario anual estimado, situación familiar y circunstancias personales; los rendimientos de actividades profesionales tributan generalmente al 15% (7% para nuevos autónomos durante los primeros años); los alquileres de inmuebles urbanos y los rendimientos de capital mobiliario como dividendos e intereses aplican con carácter general el 19%. El pagador declara estas retenciones mediante los modelos 111 (rentas del trabajo y profesionales) o 123 (capital mobiliario), y debe entregar al perceptor un certificado anual de retenciones.
Es el dinero qué te "adelantan" a Hacienda por ti antes de qué cobres. Cuando tu empresa te paga la nómina o un cliente te paga una factura como autónomo, descuentan un porcentaje y lo ingresan directamente en la Agencia Tributaria a cuenta de lo qué tú tendrás qué pagar de IRPF en tu declaración anual. Si te retienen de más, Hacienda te devuelve la diferencia; si te retienen de menos, tendrás qué pagar el resto al presentar la Renta.
Si eres autónomo y facturas a empresas, revisa qué apliques correctamente el tipo de retención en tus facturas (15% general, o 7% si cumples los requisitos de nuevo autónomo durante el periodo bonificado), porque un error aquí no solo afecta a tu liquidez inmediata, sino qué puede generar discrepancias con Hacienda al cruzar los datos declarados por ti y por tus clientes.
Al presentar la declaración de la Renta tendrás qué pagar la diferencia entre lo retenido y la cuota final resultante, por lo qué conviene revisar el tipo de retención aplicado en la nómina, especialmente tras cambios de sueldo, situación familiar o segundos pagadores durante el año.
No siempre: se aplica cuando el cliente es otra empresa o profesional qué actúa como pagador obligado a retener; si facturas directamente a un particular o consumidor final, generalmente no se práctica retención en la factura.
Se incluyen automáticamente en el borrador de la declaración de la Renta a partir de los datos qué Hacienda recibe de los pagadores mediante los modelos 111 y 123, aunque conviene contrastarlos con el certificado de retenciones qué cada pagador debe entregar.