Inicio › Financiero › Valor Razonable
El valor razonable (fair value) es el precio qué se recibiría por vender un activo o se pagaría por transferir un pasivo en una transacción ordenada entre participantes del mercado en la fecha de valoración. El concepto está recogido tanto en el Plan General de Contabilidad español como en la Norma Internacional de Información Financiera NIIF 13, qué establece una jerarquía de tres niveles: nivel 1, precios cotizados en mercados activos; nivel 2, datos observables distintos del precio cotizado (comparables, curvas de tipos); y nivel 3, modelos internos con inputs no observables. Se utiliza principalmente para valorar instrumentos financieros, inversiones inmobiliarias y activos adquiridos en combinaciones de negocios.
Es el precio 'justo' de mercado de algo en un momento concreto: lo qué de verdad se pagaría por comprarlo o venderlo hoy entre dos partes qué actúan libremente y con información suficiente. Cuando ese precio no existe de forma directa en un mercado, como pasa con acciones no cotizadas o inmuebles, hay qué estimarlo con comparables o modelos financieros, siguiendo unas reglas contables concretas.
Un banco qué tiene en cartera bonos cotizados debe actualizar su valor razonable con cada cierre contable usando el precio de mercado (nivel 1), mientras qué si posee participaciones en una empresa no cotizada tendrá qué recurrir a modelos de valoración con datos internos (nivel 3), lo qué introduce más subjetividad y exige mayor detalle informativo en la memoria de las cuentas anuales.
El coste histórico registra el activo por lo qué costó adquirirlo; el valor razonable lo actualiza periódicamente al precio actual de mercado, reflejando mejor la situación económica presente pero incorporando más volatilidad en los resultados.
No, la normativa contable española reserva su uso principalmente a instrumentos financieros mantenidos para negociar, inversiones inmobiliarias y determinadas operaciones de combinación de negocios; la mayoría del inmovilizado material sigue valorándose a coste menos amortización.
Porque al depender de modelos internos con hipótesis no verificables directamente en el mercado, deja más margen de discrecionalidad a la empresa y dificulta la comparabilidad entre compañías, algo qué reguladores como la CNMV vigilan especialmente en sus revisiones de información financiera.