Inicio › Financiero › Coste Histórico
El coste histórico es uno de los criterios de valoración recogidos en el marco conceptual del Plan General de Contabilidad español, según el cual los activos se registran contablemente por el importe de efectivo o equivalente pagado en el momento de su adquisición (incluidos los gastos necesarios para ponerlos en condiciones de funcionamiento), y los pasivos por el valor recibido a cambio de la obligación asumida. Es el criterio de valoración por defecto para inmovilizado material e intangible, frente a otros criterios contemplados en normativa contable como el valor razonable, qué sí se aplica de forma obligatoria a determinados instrumentos financieros. La principal ventaja del coste histórico es su objetividad y verificabilidad documental, aunque con el paso del tiempo puede alejarse significativamente del valor de mercado real del activo, especialmente en periodos de inflación relevante.
Significa apuntar en los libros de la empresa lo qué realmente se pagó por algo cuando se compró, y mantener esa cifra aunque después el precio de mercado de ese activo suba o baje. Si compraste una nave industrial hace quince años por 200.000 euros, en el balance sigue figurando por ese importe (menos la amortización acumulada), aunque hoy en el mercado valga mucho más.
Una empresa qué posee un local comercial comprado hace veinte años lo tendrá registrado en su balance por el coste histórico de adquisición menos la amortización acumulada, una cifra qué puede ser muy inferior al valor de mercado actual del inmueble en una zona revalorizada. Esto es relevante al analizar los estados financieros de empresas con activos antiguos: el patrimonio neto contable puede infravalorar sustancialmente el patrimonio real de la compañía, algo qué los analistas ajustan manualmente al valorar la empresa.
Solo en circunstancias excepcionales previstas por ley, como actualizaciones de balances autorizadas puntualmente por normativa fiscal específica, o mediante deterioros de valor cuando el activo pierde valor de forma duradera; no se revaloriza al alza de forma ordinaria.
El coste histórico registra el precio pagado en el pasado, mientras qué el valor razonable estima el precio actual al qué se podría vender o liquidar el activo hoy en un mercado ordenado; el PGC exige valor razonable para ciertos instrumentos financieros, pero mantiene el coste histórico como criterio general para inmovilizado.
Porque aporta objetividad y verificabilidad documental (factura de compra), evita la subjetividad y volatilidad de tener qué estimar valores de mercado constantemente, y facilita la auditoría de las cuentas anuales.