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El coste de capital es la tasa de rentabilidad mínima que una empresa debe obtener sobre sus inversiones para mantener el valor de mercado de sus acciones y satisfacer las exigencias de rentabilidad de quienes aportan financiación (accionistas y acreedores). Representa el coste de oportunidad de los fondos empleados y sirve como tasa de descuento para valorar proyectos y como umbral de rentabilidad (tasa de corte).
Es lo que le cuesta a la empresa conseguir el dinero para invertir: lo que pide de rentabilidad quien le presta (bancos, bonistas) y quien pone capital (los accionistas). Si una inversión no rinde al menos ese porcentaje, no merece la pena, porque no cubre lo que cuesta financiarla.
Tiene dos grandes componentes: el coste de la deuda (el tipo de interés que paga la empresa por sus préstamos y bonos, después de impuestos, porque los intereses son deducibles) y el coste de los recursos propios (la rentabilidad que exigen los accionistas, estimada normalmente con el modelo CAPM). La combinación ponderada de ambos da el WACC.
Una empresa se financia con un 40% de deuda al 5% (3,75% tras el ahorro fiscal del 25%) y un 60% de recursos propios con un coste exigido del 10%. Su coste medio de capital (WACC) es 0,4 × 3,75% + 0,6 × 10% = 1,5% + 6% = 7,5%. Solo aceptará proyectos que rindan por encima del 7,5%.
El coste de capital se usa como tasa de descuento en el cálculo del VAN y como tasa de corte que la TIR de un proyecto debe superar. También es clave en la valoración de empresas por descuento de flujos de caja. Cada proyecto puede requerir ajustar el coste de capital a su riesgo específico, distinto del riesgo medio de la empresa.
El error más común es aplicar el mismo coste de capital a proyectos con riesgos muy distintos: un proyecto arriesgado debe descontarse a una tasa mayor. Otro es olvidar el efecto fiscal en el coste de la deuda o usar valores contables en lugar de valores de mercado para ponderar deuda y recursos propios.
El coste de capital es un concepto central de las finanzas corporativas y de la valoración de empresas, estrechamente ligado al WACC, al CAPM y a la estructura de capital.
La rentabilidad mínima que la empresa debe obtener de sus inversiones para satisfacer a accionistas y acreedores.
El WACC es el coste medio ponderado de capital: combina el coste de la deuda y el de los recursos propios.
Porque el acreedor asume menos riesgo que el accionista y porque los intereses de la deuda son fiscalmente deducibles.
Como tasa de descuento del VAN y como umbral que la rentabilidad (TIR) de un proyecto debe superar.
No. Debe ajustarse al riesgo específico de cada proyecto, que puede diferir del riesgo medio de la empresa.