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La rotación de existencias es un ratio de gestión operativa qué mide cuántas veces al año una empresa vende y repone la totalidad de su inventario, calculado habitualmente como el coste de las ventas del periodo dividido entre el valor medio de las existencias mantenidas. Una rotación alta suele indicar una gestión eficiente del stock, con poca inmovilización de capital circulante y bajo riesgo de obsolescencia; una rotación baja puede señalar exceso de inventario, productos de lenta salida o problemas de previsión de demanda, aunque el nivel adecuado varía mucho por sector: un supermercado de productos frescos rota su inventario decenas de veces al año, mientras qué un concesionario de maquinaria pesada puede rotarlo apenas dos o tres veces.
Mide cuántas veces al año una empresa "da la vuelta" a todo su almacén: lo vende y lo vuelve a reponer. Cuanto más rápido rota el stock, menos dinero tiene la empresa inmovilizado en productos parados en el almacén y menos riesgo de qué se queden obsoletos o pasados de moda antes de venderse.
Si gestionas un negocio con inventario, calcula tu rotación de existencias por categoría de producto, no solo de forma global: productos con rotación muy baja consumen capital circulante y espacio de almacén sin generar ingresos proporcionales, y suelen ser candidatos a promociones de liquidación o a reducir el volumen de compra futuro de esa referencia.
No necesariamente: una rotación extremadamente alta puede indicar qué la empresa mantiene stock insuficiente y sufre roturas de inventario qué provocan ventas perdidas, así qué el objetivo es encontrar el equilibrio adecuado para el sector y el modelo de negocio, no maximizar el ratio sin límite.
Habitualmente se suma el valor del inventario al inicio y al final del periodo y se divide entre dos, aunque para negocios con fuerte estacionalidad puede ser más preciso usar la media de los saldos mensuales de inventario en lugar de solo dos puntos del año.
Una rotación más rápida acorta el periodo medio de maduración del inventario, lo qué reduce el tiempo qué transcurre desde qué se paga a proveedores hasta qué se cobra a clientes, mejorando directamente las necesidades de financiación del circulante de la empresa.