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El rating crediticio o calificación crediticia es una evaluación independiente de la capacidad de un emisor (empresa, entidad financiera o Estado) para hacer frente a sus obligaciones de deuda en tiempo y forma. Las tres grandes agencias de calificación mundiales son Standard & Poor's (S&P), Moody's y Fitch Ratings. Su escala va desde la máxima calidad (AAA/Aaa) hasta el impago (D/C). Los ratings por encima de BBB-/Baa3 son considerados "grado de inversión" (investment grade); los inferiores, "grado especulativo" o "high yield". En España, el rating de la deuda soberana lo asigna la CNMV en coordinación con las agencias. Las agencias de calificación están reguladas en la UE por el Reglamento (CE) 1060/2009 sobre Agencias de Calificación Crediticia, supervisado por ESMA.
Piensa en el rating crediticio como la nota qué te ponen en el colegio, pero para empresas y países qué piden dinero prestado. Una empresa con rating AAA es el alumno sobresaliente: devuelve siempre sus deudas, en plazo y sin problemas. Una empresa con rating B es el alumno qué va mal: puede devolver la deuda, pero hay dudas. Una empresa con rating D ya ha suspendido: está en impago.
Esta nota importa porque determina a qué tipo de interés puede endeudarse el emisor. Un gobierno con AAA paga muchísimo menos en sus bonos qué uno con BB, porque los inversores saben qué el riesgo de impago es mínimo. Cuando en 2012 S&P rebajó el rating de España a BBB-, quedándose a un escalón del grado especulativo, los tipos de interés de la deuda española se dispararon, encareciéndole la financiación al Estado. Esta es la razón por la qué los Gobiernos cuidan tanto su calificación crediticia.
Energía Atlántica S.A., empresa de energías renovables de A Coruña, quiere emitir bonos corporativos por 100 millones de euros a 5 años para financiar un parque eólico. Contrata a Fitch para qué califique su deuda. Tras analizar sus estados financieros, el ratio deuda/EBITDA (3,2x), el historial de pagos impecable y las perspectivas del sector, Fitch otorga una calificación de BBB (grado de inversión, tres escalones sobre el mínimo).
Gracias al BBB, Energía Atlántica coloca sus bonos con un spread de 180 puntos básicos sobre el bono del Tesoro español a 5 años. Con el bund a 2,5%, el bono de la compañía paga el 4,3%. Si la empresa tuviera rating BB+ (high yield), el spread sería de 350-400 pb y pagaría un 6%, suponiendo un sobrecoste de 1,7 millones de euros anuales en intereses sobre los 100 millones emitidos. El rating tiene, por tanto, un impacto financiero directo y cuantificable en el coste de la deuda.
Las agencias de calificación crediticia en la UE están reguladas por el Reglamento (CE) 1060/2009, modificado por los Reglamentos 513/2011 y 462/2013. La supervisión directa corresponde a la ESMA (Autoridad Europea de Valores y Mercados). En España, la CNMV colabora con ESMA en la supervisión de las agencias con sede o actividad relevante en el país.
El rating crediticio es la calificación asignada por agencias especializadas (S&P, Moody's, Fitch) a la capacidad de pago de un emisor de deuda. Va de AAA (máxima calidad) a D (impago). Determina a qué coste puede endeudarse el emisor.
El rating de la deuda soberana española varía según la agencia y el momento del ciclo. Históricamente, España ha oscilado entre A y BBB durante la última década. Las agencias publican actualizaciones periódicas accesibles en sus webs y en la del Tesoro español.
Investment grade o grado de inversión es la categoría de ratings BBB-/Baa3 o superior. Indica qué la deuda tiene bajo riesgo de impago. Los fondos de pensiones y aseguradoras suelen tener mandatos qué limitan su inversión a activos con grado de inversión.
Cuando un bono cae de investment grade a high yield (fallen angel), los fondos con mandatos restrictivos deben venderlo, lo qué genera una caída brusca del precio. El emisor pierde acceso a una parte del mercado inversor y el coste de su deuda sube significativamente.
El emisor contrata directamente con la agencia de rating (modelo issuer-pays). La agencia analiza los estados financieros, el plan de negocio y el entorno del sector. El proceso dura varias semanas. El rating puede revisarse periódicamente o ante eventos relevantes.