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El benchmark logístico consiste en comparar los indicadores de rendimiento de la propia operación —coste por pedido, rotación de inventario, plazo de entrega, porcentaje de entregas perfectas (OTIF)— con los de otras empresas del sector, con estándares publicados por asociaciones logísticas o con la evolución histórica de la propia compañía. Puede ser interno, comparando distintos almacenes o rutas de una misma empresa, o externo, contrastando con competidores o referentes del sector mediante estudios sectoriales, informes de consultoras o intercambio de datos entre empresas no competidoras directas. El resultado no es solo un número comparativo, sino la identificación de qué prácticas concretas explican la diferencia de rendimiento entre la operación propia y la de referencia.
Es comparar cómo de bien lo está haciendo tu logística frente a otras empresas parecidas, usando números concretos como el coste por pedido o el tiempo de entrega, para saber si vas por delante o por detrás del sector.
Una empresa de distribución puede comparar su coste de almacenaje por metro cuadrado con datos publicados por asociaciones del sector para saber si su tarifa de alquiler y su nivel de automatización están alineados con la media, antes de decidir si invertir en un sistema automatizado de almacenaje.
Los más comunes son el coste logístico sobre ventas, la rotación de inventario, el porcentaje de entregas a tiempo y completas (OTIF), y el coste por pedido preparado o entregado.
En informes de asociaciones logísticas, estudios de consultoras especializadas, encuestas sectoriales anuales y, en algunos casos, acuerdos de intercambio de datos entre empresas no competidoras directas.
Sí, aunque conviene comparar con empresas de tamaño similar; los datos de grandes operadores logísticos rara vez son un referente realista para una operación con volúmenes mucho menores.