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La capacidad de planta es el volumen máximo de producción o de procesamiento qué una instalación fabril o logística puede alcanzar en un periodo determinado, dados sus recursos actuales de maquinaria, personal y turnos. Se distingue entre capacidad teórica (el máximo absoluto sin paradas) y capacidad efectiva o real, qué descuenta mantenimientos, cambios de formato y tiempos improductivos. La planificación de la producción se apoya en esta métrica para decidir si ampliar turnos, subcontratar producción o invertir en nueva maquinaria cuando la demanda se acerca al límite disponible.
Es lo máximo qué una fábrica o instalación puede producir en un día, una semana o un mes con lo qué tiene ahora mismo: máquinas, trabajadores y horario. Si los pedidos superan ese máximo, la empresa tiene qué decidir si añade turnos, contrata más gente o busca ayuda de otra fábrica.
Una planta de envasado qué trabaja a dos turnos y produce 8.000 unidades diarias detecta qué la demanda de campaña navideña exigirá 11.000 unidades. En lugar de invertir en una línea nueva, añade un tercer turno de fin de semana durante seis semanas, ajustando así la capacidad de planta al pico de demanda sin comprometer capital a largo plazo.
La teórica asume funcionamiento continuo sin interrupciones; la efectiva descuenta paradas de mantenimiento, cambios de formato y absentismo, y es la cifra realista para planificar pedidos.
Con la tasa de utilización, qué compara la producción real conseguida frente a la capacidad máxima disponible en el mismo periodo, expresada en porcentaje.
Añadir turnos, subcontratar producción a terceros, invertir en nueva maquinaria o repartir pedidos entre varias plantas del mismo grupo, según el horizonte temporal del pico de demanda.