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El inventario es el conjunto de mercancías, materias primas o productos terminados que una empresa mantiene almacenados para satisfacer la demanda de sus clientes o su proceso productivo. Gestionar el inventario implica decidir cuánta cantidad mantener, dónde ubicarla y cuándo reponerla, buscando el equilibrio entre el coste de mantener stock y el riesgo de rotura.
La gestión de inventario se apoya en indicadores como la rotación, el stock de seguridad, el punto de pedido y el punto de ruptura, así como en métodos de clasificación como el análisis ABC. Modelos como el just-in-time buscan minimizar el inventario mantenido, mientras que otros sectores priorizan un stock de seguridad mayor ante demanda imprevisible.
Un inventario mal gestionado genera costes evidentes: el exceso inmoviliza capital y puede derivar en obsolescencia, mientras que un inventario insuficiente provoca roturas de stock y pérdida de ventas. Por ello, las empresas realizan conteos cíclicos o inventarios físicos completos para verificar que el stock real coincide con el registrado en el sistema.
El inventario es la lista y la cantidad de productos que una empresa tiene guardados en el almacén en un momento dado.
Para gestionar bien el inventario conviene establecer un stock de seguridad para los productos más críticos, definir un punto de pedido que dispare la reposición automáticamente, y realizar conteos cíclicos periódicos para detectar diferencias con el sistema.
Es el nivel de stock a partir del cual se debe lanzar un nuevo pedido de reposición para que la mercancía llegue antes de agotarse el inventario.
El inventario físico cuenta todo el stock de una sola vez, habitualmente una vez al año, mientras que el conteo cíclico revisa una parte del inventario de forma rotativa.
Genera un coste financiero por el capital inmovilizado, ocupa espacio de almacenamiento y aumenta el riesgo de obsolescencia.