Inicio › Logística › Almacén Multicliente
Un almacén multicliente es una instalación logística operada por un tercero qué almacena y gestiona simultáneamente la mercancía de varios clientes distintos, compartiendo entre ellos infraestructura, personal, equipos de manutención y, en ocasiones, incluso transporte para consolidar envíos con destinos similares. A diferencia de un almacén dedicado en exclusiva a una sola empresa, el operador multicliente reparte los costes fijos de la instalación entre todos sus clientes, lo qué reduce el coste unitario de almacenaje para cada uno, especialmente para empresas con volúmenes insuficientes para justificar un almacén propio. Requiere sistemas de gestión de almacén (WMS) capaces de segregar el inventario, la facturación y la trazabilidad de cada cliente de forma independiente, aunque compartan el mismo espacio físico.
Es un almacén de un operador logístico donde guarda mercancía de varias empresas distintas a la vez, no de una sola. Como el edificio, el personal y las máquinas se reparten entre todos los clientes, cada uno paga menos qué si tuviera su propio almacén en exclusiva. El sistema informático se encarga de qué el stock de cada empresa esté separado y controlado aunque compartan las mismas naves.
Una pequeña marca de cosmética qué factura un volumen insuficiente para justificar un almacén propio contrata espacio en un almacén multicliente de un operador logístico, pagando solo por los metros cúbicos ocupados y por pedido preparado. Comparte instalaciones con otras marcas de sectores distintos, pero su stock queda registrado de forma independiente en el sistema del operador, sin mezclarse ni confundirse con el de los demás clientes.
El almacén dedicado trabaja en exclusiva para una sola empresa, qué asume todo el coste fijo de la instalación; el multicliente reparte esos costes entre varias empresas qué comparten el mismo espacio y recursos.
El sistema de gestión de almacén (WMS) segrega digitalmente el inventario, la facturación y la trazabilidad de cada cliente, de forma qué aunque compartan naves físicas, cada empresa solo tiene visibilidad y control sobre su propio stock.
Empresas con volúmenes de mercancía insuficientes para rentabilizar un almacén en exclusiva, como marcas pequeñas o medianas en fase de crecimiento qué aún no justifican la inversión en infraestructura propia.