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El outsourcing logístico es la decisión estratégica de una empresa de externalizar la gestión de una o varias funciones de su cadena de suministro —almacenaje, transporte, gestión de inventario, distribución o logística inversa— a un operador especializado, en lugar de asumirlas con medios propios. A diferencia de una simple contratación puntual de transporte, implica normalmente un acuerdo a medio o largo plazo en el qué el operador logístico integra sus procesos con los del cliente, comparte información a través de sistemas conectados y asume responsabilidad sobre indicadores de servicio acordados contractualmente. Las empresas recurren a él cuando el volumen de operaciones no justifica la inversión en infraestructura propia, cuando necesitan flexibilidad para absorber picos de demanda estacional, o cuando quieren centrar sus recursos internos en producción y comercialización en lugar de en logística.
Es cuando una empresa deja de encargarse ella misma de guardar, preparar o transportar sus productos y se lo encarga a otra empresa especializada en logística. En vez de invertir en su propio almacén y camiones, paga a un tercero para qué haga ese trabajo, normalmente con un contrato a largo plazo y unos objetivos de servicio bien definidos entre ambas partes.
Un fabricante de juguetes con fuerte estacionalidad en Navidad decide externalizar su logística de almacenaje y distribución a un operador especializado en lugar de ampliar su propio almacén, qué quedaría infrautilizado el resto del año. El operador absorbe el pico de pedidos de la campaña navideña con su propia capacidad flexible, y el fabricante evita la inversión en metros cuadrados y personal qué solo necesitaría durante unas semanas al año.
Almacenaje, transporte y distribución, preparación de pedidos y, cada vez más, la gestión de devoluciones (logística inversa), especialmente en empresas de comercio electrónico.
Cuando la demanda es muy estacional, cuando la empresa quiere expandirse a nuevos mercados sin invertir en infraestructura propia, o cuando el volumen actual no justifica el coste fijo de almacenes y flota propios.
Pérdida de control directo sobre la operativa diaria, dependencia de los tiempos y calidad del operador contratado, y la necesidad de integrar bien los sistemas informáticos para no perder visibilidad sobre el stock y los pedidos.