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El transporte logístico es la actividad encargada de trasladar mercancías desde el punto de origen hasta su destino final, constituyendo uno de los eslabones fundamentales de la cadena de suministro. Puede realizarse por distintos modos —carretera, ferrocarril, marítimo o aéreo— o combinando varios de ellos en operaciones de transporte multimodal o intermodal.
La elección del modo depende de factores como el tipo de mercancía, el volumen, la urgencia y el coste: el transporte por carretera domina el reparto de corta y media distancia en Europa por su flexibilidad, el marítimo es el más económico para grandes volúmenes a larga distancia, y el aéreo se reserva para envíos urgentes o de alto valor. La gestión incluye la planificación de rutas y el cumplimiento de normativas como los Incoterms.
En la actualidad, el transporte logístico incorpora cada vez más tecnología para optimizar rutas y reducir costes y emisiones: sistemas de gestión de transporte (TMS), seguimiento en tiempo real y una creciente apuesta por vehículos eléctricos dentro de las estrategias de logística verde de las empresas.
El transporte es llevar mercancías de un sitio a otro, ya sea en camión, barco, tren o avión, para que lleguen desde donde se producen hasta donde se necesitan.
Para elegir el modo de transporte adecuado conviene valorar el plazo de entrega necesario, el coste por unidad de carga, el tipo de mercancía y la distancia, combinando modos cuando sea necesario mediante transporte intermodal para optimizar coste y tiempo.
El transporte marítimo es habitualmente el más económico por unidad de carga a larga distancia, aunque también el más lento.
Es el traslado de una mercancía utilizando varios modos de transporte bajo un único contrato y documento, sin cambiar el contenedor entre modos.
La carta de porte o el conocimiento de embarque, el albarán de entrega y, en transporte internacional, la documentación aduanera correspondiente.