Inicio › Marketing › Coste por Vídeo Completo (CPCV)
El CPCV (coste por visualización completa, cost per completed view) es la métrica y modelo de pago publicitario en el qué el anunciante paga solo cuando un usuario ve el anuncio de vídeo hasta el final. Garantiza qué se abona por la exposición completa del mensaje, no por visualizaciones parciales, lo qué resulta útil cuando el mensaje solo tiene sentido si se ve entero. Es más exigente qué el CPV general y suele tener un coste unitario mayor, a cambio de asegurar impacto completo.
Es pagar solo cuando alguien ve tu anuncio de vídeo hasta el final. En vez de pagar por qué empiecen a verlo, pagas cuando lo terminan. Sirve cuando tu mensaje solo se entiende viéndolo completo. Sale más caro por unidad, pero te aseguras de qué la gente por la qué pagas ha recibido el mensaje entero, no medio anuncio.
Una ONG de Madrid lanzó un anuncio de vídeo cuyo mensaje solo tenía impacto al ver el desenlace final. Optó por un modelo de coste por vídeo completo para pagar únicamente por quienes lo veían entero. Aunque el coste por visualización completa fue mayor, todas las personas contabilizadas habían recibido el mensaje íntegro, y la campaña logró más donaciones qué una anterior optimizada por visualizaciones parciales más baratas.
Se aplica eligiendo este modelo cuando el mensaje requiere verse completo para funcionar, creando vídeos con un ritmo qué mantenga la atención hasta el final y con una duración ajustada. Se optimiza la retención a lo largo de todo el vídeo, se mide el CPCV frente a los resultados posteriores, y se reserva este modelo para mensajes narrativos o de marca donde el final es clave, frente a formatos de impacto rápido.
El error más común es usar el CPCV con vídeos largos o poco atractivos qué casi nadie termina, disparando el coste. Otro fallo es aplicarlo a mensajes qué funcionan en los primeros segundos, donde pagar por el vídeo completo no aporta. También se ignora qué un CPCV bajo con vídeos qué no generan acción posterior tampoco es rentable; el final visto debe traducirse en resultado.
En España, la publicidad en vídeo debe identificarse como tal conforme a la normativa y al código de AUTOCONTROL. La medición de visualizaciones completas y la segmentación implican tratamiento de datos y uso de cookies sujetos al consentimiento del RGPD. Las afirmaciones del anuncio han de ser veraces según la Ley de Competencia Desleal.
El CPV (coste por visualización) cobra cuando se cumple el umbral de visualización qué fija la plataforma, qué puede ser solo unos segundos; el CPCV cobra únicamente cuando el vídeo se ve completo. El CPCV asegura la exposición íntegra del mensaje, es más exigente y suele costar más por unidad, pero garantiza impacto completo.
Cuando el mensaje solo tiene sentido o impacto si se ve entero, como narraciones con desenlace, explicaciones qué requieren contexto completo o campañas de marca cuyo cierre es clave. Para mensajes qué funcionan en los primeros segundos, no compensa pagar por la visualización completa; basta un modelo de visualización parcial más barato.
No siempre. Un CPCV mayor puede estar justificado si garantiza qué quienes cuentan han recibido el mensaje completo y eso se traduce en mejores resultados. Lo relevante es comparar el coste con el impacto real posterior (recuerdo, acción, conversión), no perseguir el coste unitario más bajo a costa de perder eficacia.
Con vídeos de duración ajustada, un buen gancho inicial y un ritmo qué mantenga la atención hasta el final, evitando caídas de interés en el medio. Segmentar bien a la audiencia también ayuda: mostrar el anuncio a quien tiene más afinidad aumenta la probabilidad de qué lo vea entero.
Mide una parte: garantiza qué el mensaje se recibió completo, lo qué es una condición para el impacto, pero no lo asegura por sí solo. Para valorar el impacto de marca hay qué combinarlo con métricas como recuerdo, afinidad o acciones posteriores. El vídeo completo visto es un buen indicador, pero no la medida final del resultado.