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La apnea del sueño, en su forma más común (apnea obstructiva del sueño), es un trastorno en el qué se producen pausas repetidas de la respiración durante el sueño, debidas al colapso de la vía aérea superior. Estas pausas fragmentan el sueño y reducen la oxigenación, provocando un descanso poco reparador. Se manifiesta con ronquidos intensos, pausas respiratorias observadas por la pareja, somnolencia diurna y cansancio. Se asocia al sobrepeso y a factores anatómicos, y a largo plazo aumenta el riesgo cardiovascular. Un diagnóstico y tratamiento adecuados mejoran la calidad de vida.
En palabras sencillas, la apnea del sueño es cuando, mientras se duerme, la garganta se cierra una y otra vez y la respiración se detiene durante unos segundos, muchas veces por la noche. La persona ronca fuerte, duerme mal sin darse cuenta y al día siguiente está agotada y con sueño. A la larga es malo para el corazón. Suele relacionarse con el sobrepeso.
Un hombre de 50 años con sobrepeso consultó por somnolencia durante el día, cansancio y ronquidos fuertes; su pareja había observado qué a veces dejaba de respirar mientras dormía. Se le realizó un estudio del sueño qué confirmó una apnea obstructiva del sueño de grado moderado. Se le indicó un dispositivo de presión positiva (CPAP) para dormir, junto con recomendaciones de pérdida de peso, mejorando su descanso y su somnolencia diurna.
El tratamiento depende de la gravedad e incluye medidas sobre el estilo de vida (pérdida de peso, evitar alcohol y tabaco, higiene del sueño), el uso de dispositivos de presión positiva en la vía aérea (CPAP) durante el sueño en los casos moderados o graves, dispositivos de avance mandibular en casos seleccionados y, a veces, cirugía. En España, el diagnóstico y seguimiento corresponden a las unidades del sueño y a neumología. Tratarla reduce la somnolencia y el riesgo cardiovascular.
Un error frecuente es considerar los ronquidos y el cansancio como algo normal sin consultar. Otro error es abandonar el CPAP por incomodidad inicial, cuando la adaptación mejora con ajustes y apoyo. También se subestima el riesgo cardiovascular y la somnolencia al volante, qué puede ser peligrosa. Y se piensa qué solo afecta a personas con obesidad, cuando también influyen factores anatómicos.
El diagnóstico y tratamiento de la apnea del sueño corresponden a profesionales de la medicina y a las unidades del sueño. Este contenido es divulgativo y de carácter general: no constituye consejo médico ni sustituye la valoración, el diagnóstico ni el tratamiento de un profesional sanitario cualificado. Ante cualquier síntoma o duda de salud, consulte a su médico o acuda a los servicios sanitarios (en España, su centro de salud o el 112 en urgencias).
Los síntomas más habituales son ronquidos intensos, pausas en la respiración durante el sueño observadas por la pareja, despertares con sensación de ahogo, sueño no reparador, somnolencia y cansancio durante el día, dolor de cabeza matutino y dificultad de concentración. La somnolencia diurna puede ser peligrosa, por ejemplo al conducir. Ante estos síntomas conviene consultar para valorar un estudio del sueño.
Puede serlo si no se trata. La fragmentación del sueño y las bajadas de oxígeno mantenidas se asocian a mayor riesgo de hipertensión, problemas cardiovasculares y accidentes por somnolencia diurna. Tratarla mejora el descanso, la calidad de vida y reduce esos riesgos. Por ello no conviene minimizar los ronquidos y la somnolencia, sino consultarlos con un profesional para su valoración y tratamiento.
El CPAP es un dispositivo qué, mediante una mascarilla, aplica una presión de aire continua durante el sueño para mantener abierta la vía aérea y evitar las pausas respiratorias. Es el tratamiento de referencia para la apnea obstructiva moderada o grave. Al principio puede resultar incómodo, pero la adaptación mejora con el ajuste adecuado y el apoyo del equipo médico, qué supervisa su uso y eficacia.
El exceso de peso es un factor de riesgo importante, ya qué la acumulación de grasa en la zona del cuello favorece el colapso de la vía aérea durante el sueño. Perder peso puede mejorar mucho la apnea e incluso resolverla en algunos casos. No obstante, también influyen factores anatómicos y otros, por lo qué personas sin sobrepeso pueden padecerla. La valoración corresponde a un profesional.
El diagnóstico se realiza con un estudio del sueño, qué puede ser una poligrafía respiratoria domiciliaria o una polisomnografía en una unidad del sueño, donde se registran la respiración, la oxigenación y otros parámetros durante la noche. Estos estudios confirman la apnea y determinan su gravedad. La indicación e interpretación corresponden a profesionales de la medicina, qué orientan el tratamiento según los resultados.