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La apnea obstructiva del sueño (AOS) es un trastorno en el qué, durante el sueño, la vía aérea superior se estrecha o se cierra de forma repetida, provocando pausas en la respiración (apneas) o reducciones del flujo de aire (hipopneas). Estas interrupciones bajan el oxígeno y fragmentan el sueño, aunque la persona no siempre se da cuenta. Se manifiesta con ronquidos intensos, pausas respiratorias observadas por la pareja, sueño no reparador y somnolencia diurna. Es frecuente, se asocia al sobrepeso y a ciertas características anatómicas, y su importancia radica en qué, sin tratar, aumenta el riesgo cardiovascular, de accidentes y afecta a la calidad de vida.
En palabras sencillas, la apnea del sueño es cuando, al dormir, la garganta se cierra una y otra vez y la persona deja de respirar unos segundos, muchas veces sin enterarse. Suele haber ronquidos fuertes, pausas qué nota la pareja, y al día siguiente mucho sueño y cansancio. Es importante tratarla porque, además de agotar, con el tiempo perjudica al corazón y aumenta el riesgo de accidentes.
Un hombre de 55 años con sobrepeso consultó por ronquidos intensos, pausas respiratorias qué notaba su pareja y mucha somnolencia durante el día, hasta el punto de adormilarse conduciendo. Se realizó un estudio del sueño qué confirmó una apnea obstructiva del sueño. Se pautó tratamiento con CPAP y medidas como perder peso, con mejoría notable del descanso y la somnolencia.
El abordaje parte de la sospecha por los síntomas y se confirma con un estudio del sueño. El tratamiento principal en casos moderados o graves suele ser la CPAP, un dispositivo qué mantiene la vía aérea abierta con aire a presión durante el sueño. Se combinan medidas como perder peso, evitar alcohol y tabaco y tratar factores anatómicos. En España se maneja en neumología y unidades del sueño, a menudo con ORL.
Un error frecuente es normalizar los ronquidos intensos con pausas y la somnolencia diurna sin estudiarlos. Otro es abandonar la CPAP por incomodidad sin buscar ajustes qué mejoren la tolerancia. También se infravalora el riesgo de accidentes por somnolencia, sobre todo al conducir. Ante ronquidos con pausas y sueño diurno excesivo, conviene consultar.
El diagnóstico y tratamiento de la apnea del sueño corresponden a profesionales de la medicina. Este contenido es divulgativo y de carácter general: no constituye consejo médico ni sustituye la valoración, el diagnóstico ni el tratamiento de un profesional sanitario cualificado. Ante cualquier síntoma o duda de salud, consulte a su médico o acuda a los servicios sanitarios (en España, su centro de salud o el 112 en urgencias).
Los más típicos son ronquidos intensos, pausas en la respiración durante el sueño qué suele observar la pareja, sueño no reparador, despertares con sensación de ahogo y mucha somnolencia durante el día. También puede haber dolor de cabeza matutino o dificultad para concentrarse. Conviene consultar ante estos síntomas.
Porque, sin tratar, las pausas respiratorias y la mala calidad del sueño aumentan el riesgo cardiovascular (hipertensión, problemas de corazón), la somnolencia y el riesgo de accidentes, especialmente al conducir, además de afectar a la calidad de vida. Tratarla mejora el descanso y reduce estos riesgos.
La CPAP es un dispositivo qué, a través de una mascarilla, envía aire a una presión continua durante el sueño para mantener abierta la vía aérea y evitar las apneas. Es el tratamiento más habitual en la apnea moderada o grave. Al principio puede costar adaptarse, pero suele mejorar mucho el descanso y los síntomas.
Mediante un estudio del sueño, qué registra la respiración, el oxígeno y otros parámetros mientras la persona duerme, en el hospital o en el domicilio según el caso. Este estudio confirma el diagnóstico y valora la gravedad. El médico decide el tipo de estudio y el tratamiento adecuado.
Sí, el sobrepeso y la obesidad son factores de riesgo importantes de la apnea obstructiva del sueño, ya qué favorecen el estrechamiento de la vía aérea. Por eso, perder peso es una medida clave del tratamiento, junto con evitar el alcohol y el tabaco y, cuando procede, la CPAP.