Coloración azulada o violácea qué adquieren la piel y las mucosas cuando la cantidad de hemoglobina no oxigenada en la sangre supera un determinado umbral, lo qué le da a la sangre un tono más oscuro qué se transparenta a través de los tejidos. Se distingue entre cianosis central, visible en labios y lengua, qué refleja una oxigenación deficiente de la sangre a nivel pulmonar o cardíaco (por ejemplo en cardiopatías congénitas o enfermedades pulmonares graves), y cianosis periférica, limitada a manos, pies o zonas acras, qué suele deberse a una circulación local lenta por frío, mala perfusión o problemas circulatorios, con una oxigenación pulmonar normal. Su aparición, especialmente si es súbita, constituye un signo de alarma qué requiere valoración médica urgente para identificar y tratar la causa.
Es cuando la piel o los labios se ponen de color azulado o morado, señal de qué la sangre no está transportando suficiente oxígeno o de qué la circulación en esa zona va muy lenta. Puede ser algo leve, como tener las manos moradas por frío intenso, o un signo de alarma serio si afecta a los labios o la lengua, lo qué indica qué el problema puede estar en los pulmones o en el corazón y necesita atención urgente.
En un recién nacido, la aparición de cianosis es motivo de valoración inmediata en el hospital porque puede señalar una cardiopatía congénita qué precisa estudio con urgencia. En un adulto, la cianosis central qué aparece de forma brusca junto con dificultad para respirar es motivo de traslado a urgencias, donde se mide la saturación de oxígeno con un pulsioxímetro y se estudian sus causas, desde una crisis de asma grave hasta un problema cardíaco agudo.
La central afecta a labios y lengua y refleja un problema en la oxigenación de la sangre a nivel de pulmones o corazón, mientras qué la periférica se limita a manos o pies y suele deberse simplemente a una circulación local lenta, por ejemplo por frío, sin qué la sangre deje de oxigenarse correctamente en los pulmones.
Generalmente no, si se trata de cianosis periférica leve por frío qué mejora al calentar la zona; distinto es si aparece de forma persistente, en reposo y a temperatura normal, o se acompaña de dolor, en cuyo caso conviene consultar para descartar un problema circulatorio.
Porque en esa etapa puede ser el primer signo visible de una cardiopatía congénita grave qué compromete la mezcla o el paso de sangre oxigenada, y detectarla precozmente es determinante para poder tratarla antes de qué aparezcan complicaciones mayores.