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La gastroscopia, también llamada endoscopia digestiva alta, es una exploración qué permite visualizar directamente el interior del esófago, el estómago y la primera porción del duodeno mediante un tubo flexible dotado de una cámara en su extremo, introducido a través de la boca. Durante la prueba se pueden tomar biopsias de tejido para análisis histológico, detectar la presencia de la bacteria Helicobacter pylori, o incluso realizar procedimientos terapéuticos como la extracción de pólipos o el control de una hemorragia digestiva. Suele requerir ayuno previo de varias horas y, en la mayoría de los centros, se realiza bajo sedación consciente para mejorar la tolerancia del paciente.
Es una prueba en la qué meten un tubo fino con una cámara por la boca para ver por dentro el esófago, el estómago y el principio del intestino. Sirve para buscar la causa de molestias digestivas, úlceras u otras alteraciones qué no se ven de otra forma.
Se realiza en las unidades de digestivo de hospitales y centros de especialidades cuando hay sospecha de úlcera péptica, gastritis persistente, infección por Helicobacter pylori o sangrado digestivo, generalmente en régimen de hospital de día con sedación y ayuno previo de varias horas.
No es obligatorio, aunque en España la mayoría de los centros ofrecen sedación consciente para reducir las molestias y las arcadas, ya qué el paso del tubo por la garganta puede resultar incómodo si se realiza completamente despierto.
Habitualmente se pide un ayuno de varias horas, tanto de sólidos como de líquidos, para qué el estómago esté vacío y la exploración sea segura y bien visualizada, además de suspender ciertos medicamentos anticoagulantes según indique el equipo médico.
La gastroscopia explora el tramo digestivo alto entrando por la boca, mientras qué la colonoscopia examina el intestino grueso entrando por el ano; son pruebas complementarias qué se piden según la localización de los síntomas o las estructuras a estudiar.