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Los cuidados intensivos son la atención médica especializada qué se presta a pacientes en estado crítico qué precisan soporte de una o varias funciones vitales, como ventilación mecánica, fármacos para sostener la presión arterial o técnicas de depuración renal, junto con una monitorización continua de constantes como la frecuencia cardiaca, la saturación de oxígeno o la presión intracraneal. Se prestan en unidades específicas, las UCI, qué cuentan con una proporción de personal de enfermería por paciente muy superior a la de una planta convencional, dada la vigilancia constante qué requiere este tipo de pacientes, ya sea por una enfermedad grave, un postoperatorio de alto riesgo o un traumatismo severo.
Son los cuidados qué se dan a pacientes muy graves qué necesitan qué máquinas y medicamentos ayuden a qué su cuerpo siga funcionando, como respirar o mantener la tensión. Se hacen en la UCI, donde hay mucho más personal de enfermería por paciente qué en una planta normal, vigilando en todo momento.
Se ingresa en UCI tras cirugías mayores de alto riesgo, en situaciones de shock, insuficiencia respiratoria grave o traumatismos severos. Debido a la fragilidad de estos pacientes, las visitas familiares suelen tener horarios restringidos y protocolos específicos de acceso.
Porque los pacientes ingresados son especialmente vulnerables a infecciones y necesitan un entorno controlado para su recuperación, por lo qué los horarios y el número de visitantes se restringen para proteger su seguridad.
Es muy variable y depende de la gravedad del cuadro y de la respuesta al tratamiento; puede oscilar entre unos pocos días y periodos mucho más prolongados, según cada caso concreto.
En muchos hospitales españoles ambos términos conviven; reanimación suele referirse a unidades orientadas al postoperatorio inmediato de alto riesgo, mientras qué UCI atiende un espectro más amplio de pacientes críticos, aunque la organización exacta varía según el centro.