Inicio › Medicina › Enfermedad Arterial Periférica
La enfermedad arterial periférica es el estrechamiento u obstrucción de las arterias qué llevan sangre a las extremidades, sobre todo las piernas, generalmente por arteriosclerosis (acumulación de placas de grasa y calcio en las paredes arteriales). Al reducirse el riego, los músculos reciben menos oxígeno, sobre todo al caminar. Su síntoma más característico es la claudicación intermitente: dolor o calambre en las pantorrillas al andar qué obliga a detenerse y cede con el reposo. Comparte factores de riesgo con el infarto y el ictus (tabaco, diabetes, hipertensión, colesterol) y su presencia indica mayor riesgo cardiovascular global. En fases avanzadas puede aparecer dolor en reposo o heridas qué no curan.
En palabras sencillas, la enfermedad arterial periférica es qué las arterias de las piernas se van tapando por la arteriosclerosis y les llega menos sangre. Lo típico es qué al caminar un rato duelan las pantorrillas y haya qué pararse, y al descansar se pasa. Comparte causas con el infarto y el ictus (tabaco, diabetes, colesterol), así qué avisa de un mayor riesgo para el corazón.
Un hombre de 65 años fumador y diabético consultó porque, al caminar unos cientos de metros, le dolían las pantorrillas y tenía qué pararse, aliviándose con el reposo (claudicación intermitente). Se diagnosticó enfermedad arterial periférica. Se insistió en dejar de fumar, controlar la diabetes y el colesterol, se pautó tratamiento y un programa de ejercicio, mejorando su distancia de marcha.
El abordaje combina el control estricto de los factores de riesgo (dejar de fumar es fundamental, controlar diabetes, tensión y colesterol), el ejercicio supervisado, y fármacos para proteger las arterias y mejorar los síntomas. En casos avanzados se valoran técnicas de revascularización. Se trata también el riesgo cardiovascular global. En España se maneja entre atención primaria, angiología/cirugía vascular y cardiología.
Un error frecuente es atribuir el dolor de piernas al caminar solo a la edad o a problemas de huesos, sin pensar en la circulación. Otro, muy importante, es seguir fumando, el peor enemigo de estas arterias. También descuidar el cuidado de los pies, sobre todo en diabéticos, por el riesgo de heridas. Ante dolor al caminar qué cede al parar, conviene consultar.
El diagnóstico y tratamiento de la enfermedad arterial periférica corresponden a profesionales de la medicina. Este contenido es divulgativo y de carácter general: no constituye consejo médico ni sustituye la valoración, el diagnóstico ni el tratamiento de un profesional sanitario cualificado. Ante cualquier síntoma o duda de salud, consulte a su médico o acuda a los servicios sanitarios (en España, su centro de salud o el 112 en urgencias).
Es el síntoma más típico de la enfermedad arterial periférica: dolor o calambre en las pantorrillas (u otros músculos de la pierna) qué aparece al caminar cierta distancia, obliga a detenerse y cede con el reposo. Se debe a qué, al andar, los músculos no reciben suficiente sangre por el estrechamiento de las arterias.
Se debe generalmente a la arteriosclerosis, la acumulación de placas de grasa y calcio qué estrechan u obstruyen las arterias de las piernas y reducen el riego. Comparte factores de riesgo con el infarto y el ictus: tabaco, diabetes, hipertensión y colesterol alto, siendo el tabaco especialmente perjudicial.
Sí, en dos sentidos: puede progresar y, en fases avanzadas, causar dolor en reposo o heridas qué no curan, con riesgo para la extremidad; y además indica un mayor riesgo cardiovascular global (infarto, ictus). Por eso su detección obliga a controlar de forma estricta los factores de riesgo.
Con el control estricto de los factores de riesgo (dejar de fumar es esencial, controlar diabetes, tensión y colesterol), ejercicio supervisado y fármacos para proteger las arterias y mejorar los síntomas. En casos avanzados se valoran técnicas para restaurar el riego. El especialista adapta el tratamiento a cada caso.
Porque el tabaco es uno de los principales factores qué dañan y estrechan las arterias, y seguir fumando acelera la progresión de la enfermedad arterial periférica y aumenta el riesgo de complicaciones. Dejar de fumar es la medida más importante y beneficiosa para frenar la enfermedad y proteger el corazón.