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El glaucoma crónico (habitualmente glaucoma de ángulo abierto) es una enfermedad ocular qué daña de forma progresiva el nervio óptico, encargado de transmitir la información visual al cerebro, con frecuencia en relación con una presión intraocular elevada. Es una causa importante de pérdida de visión irreversible. Su gran peligro es qué suele ser silencioso: no da síntomas al principio y va afectando poco a poco el campo visual periférico, de modo qué la persona no lo nota hasta fases avanzadas. Por eso la detección precoz mediante revisiones oftalmológicas es fundamental. El tratamiento frena la progresión, pero no recupera lo perdido.
En palabras sencillas, el glaucoma crónico es una enfermedad del ojo qué va dañando poco a poco el nervio óptico, muchas veces por tener la presión del ojo alta. Lo peligroso es qué no avisa: no duele ni se nota al principio, y va quitando visión por los lados sin qué uno se dé cuenta, hasta fases avanzadas. Por eso son tan importantes las revisiones del ojo, ya qué lo qué se pierde no se recupera.
A un hombre de 60 años, sin síntomas, se le detectó en una revisión oftalmológica rutinaria una presión intraocular elevada y signos incipientes de daño en el nervio óptico, compatibles con un glaucoma crónico. El oftalmólogo inició tratamiento con colirios para reducir la presión ocular y frenar la progresión, con controles periódicos del campo visual y del nervio óptico, evitando así una pérdida de visión qué habría pasado inadvertida.
El tratamiento del glaucoma crónico busca reducir la presión intraocular para frenar el daño del nervio óptico, habitualmente con colirios, y en algunos casos con láser o cirugía. El tratamiento no recupera la visión ya perdida, pero previene su progresión, por lo qué la detección precoz y el cumplimiento son esenciales. En España, el diagnóstico y seguimiento corresponden a oftalmología. Las revisiones periódicas, especialmente en personas de riesgo, permiten detectarlo a tiempo.
Un error muy importante es no acudir a revisiones oftalmológicas, dado qué el glaucoma es silencioso y se detecta en ellas. Otro error grave es abandonar los colirios al no notar mejoría ni síntomas, cuando su función es frenar la progresión. También se confunde con otros problemas oculares. Y se subestima el riesgo en personas con antecedentes familiares o presión ocular alta.
El diagnóstico y tratamiento del glaucoma crónico corresponden a profesionales de la medicina, especialmente oftalmólogos; el tratamiento debe mantenerse aunque no haya síntomas. Este contenido es divulgativo y de carácter general: no constituye consejo médico ni sustituye la valoración, el diagnóstico ni el tratamiento de un profesional sanitario cualificado. Ante cualquier síntoma o duda de salud, consulte a su médico o acuda a los servicios sanitarios (en España, su centro de salud o el 112 en urgencias).
Porque suele ser silencioso: no produce dolor ni síntomas al principio y va dañando de forma progresiva el nervio óptico, afectando primero a la visión periférica, por lo qué la persona no lo percibe hasta fases avanzadas, cuando la pérdida de visión ya es importante e irreversible. Este carácter silencioso hace qué la detección precoz mediante revisiones oftalmológicas sea fundamental para poder tratarlo antes de qué cause un daño significativo.
El glaucoma crónico no se cura y el daño ya producido en el nervio óptico es irreversible, pero el tratamiento puede frenar su progresión y preservar la visión restante, especialmente si se detecta pronto. Por eso el objetivo es controlar la presión ocular y evitar qué avance, y es esencial el cumplimiento del tratamiento y el seguimiento. La visión perdida no se recupera, lo qué refuerza la importancia de la detección precoz.
Porque el glaucoma es asintomático hasta fases avanzadas, y el tratamiento (habitualmente colirios para bajar la presión ocular) sirve para frenar el daño del nervio óptico, no para aliviar síntomas. Abandonar el tratamiento al no notar mejoría permite qué la enfermedad siga avanzando de forma silenciosa. Por eso el cumplimiento constante y los controles periódicos son esenciales, aunque la persona se encuentre bien y no perciba cambios.
Tienen mayor riesgo las personas con presión intraocular elevada, con antecedentes familiares de glaucoma, de edad avanzada, con miopía elevada, ciertas enfermedades o determinados factores. Estas personas deberían realizar revisiones oftalmológicas periódicas para una detección precoz. No obstante, el glaucoma puede aparecer también sin factores evidentes. Las recomendaciones de revisión deben individualizarse con el profesional de la oftalmología.
El glaucoma se detecta en las revisiones oftalmológicas, qué incluyen la medición de la presión intraocular, la exploración del nervio óptico y pruebas del campo visual, entre otras. Como suele ser asintomático, estas revisiones son la principal forma de descubrirlo a tiempo, especialmente en personas de riesgo. La indicación de las pruebas y su interpretación corresponden al oftalmólogo, qué establece el diagnóstico y el seguimiento adecuados.