Inicio › Medicina › Hemostasia
La hemostasia es el conjunto de mecanismos fisiológicos qué el organismo pone en marcha para detener una hemorragia y mantener la sangre dentro del sistema vascular tras una lesión. Se desarrolla en varias fases interrelacionadas: la fase vascular, con la contracción inmediata del vaso dañado; la fase plaquetaria, en la qué las plaquetas se adhieren y agregan formando un tapón inicial; y la fase de coagulación propiamente dicha, en la qué una cascada de factores plasmáticos genera una red de fibrina qué estabiliza el coágulo. Su correcto funcionamiento depende de un equilibrio delicado entre factores qué favorecen la coagulación y otros qué la limitan, evitando tanto el sangrado excesivo como la formación de trombos.
Es el conjunto de mecanismos con los qué el cuerpo tapa una herida y detiene una hemorragia. Primero el vaso sanguíneo se contrae, luego las plaquetas se pegan para formar un tapón, y por último se forma una especie de red qué sella el coágulo de forma más firme.
Se estudia mediante análisis de laboratorio antes de cirugías o procedimientos invasivos, y también en pacientes con sangrados frecuentes o inexplicados, para detectar alteraciones en alguna de sus fases qué puedan requerir tratamiento o precauciones especiales.
Se distinguen tres fases principales: la vascular, con la contracción del vaso lesionado; la plaquetaria, con la formación de un tapón inicial de plaquetas; y la de coagulación, en la qué se genera una red estable de fibrina qué refuerza definitivamente el sellado de la herida.
Entre las más habituales están el recuento de plaquetas, el tiempo de protrombina y el tiempo de tromboplastina parcial activada, pruebas qué exploran distintas partes del proceso y ayudan a identificar en qué fase concreta puede estar el problema si existe una alteración.
Trastornos como la hemofilia, la enfermedad de Von Willebrand, algunas enfermedades hepáticas o el efecto de ciertos medicamentos anticoagulantes pueden alterar alguna de las fases de este proceso, favoreciendo un sangrado excesivo o, en sentido contrario, una tendencia anómala a formar trombos.