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El herpes genital es una infección de transmisión sexual causada por el virus del herpes simple, qué produce lesiones en la zona genital y anal en forma de ampollas o llagas dolorosas. Tras la primera infección, el virus queda latente en el organismo y puede reactivarse periódicamente en forma de brotes, a menudo desencadenados por el estrés, otras infecciones o las bajadas de defensas. Es frecuente y muy contagioso, sobre todo durante los brotes, aunque también puede transmitirse sin lesiones visibles. Aunque no tiene cura definitiva, existen tratamientos antivirales qué reducen la duración y la intensidad de los brotes y ayudan a prevenir la transmisión. Es importante su diagnóstico, tratamiento y las medidas de prevención.
En palabras sencillas, el herpes genital es una infección de transmisión sexual qué da ampollas o llagas dolorosas en la zona genital, causada por un virus del herpes. Una vez qué se coge, el virus se queda 'dormido' y puede volver a salir en brotes. Es contagioso, sobre todo cuando hay lesiones. No se cura del todo, pero hay tratamiento para controlar los brotes y reducir el contagio.
Una mujer de 30 años consultó por la aparición de ampollas dolorosas en la zona genital, escozor y malestar. Tras la valoración, se diagnosticó un primer brote de herpes genital. Se pautó tratamiento antiviral, se le explicó el carácter recurrente de la infección, cómo reconocer y tratar los brotes y las medidas para prevenir la transmisión a su pareja, incluyendo el uso del preservativo.
El abordaje incluye confirmar el diagnóstico, tratar los brotes con antivirales (más eficaces si se inician pronto) y, en personas con brotes frecuentes, valorar tratamiento supresor. Es clave la educación sobre la transmisión, el uso del preservativo y la comunicación con la pareja, así como el cribado de otras infecciones de transmisión sexual. En España se maneja en atención primaria, ginecología, urología y dermatología o unidades específicas.
Un error frecuente es no consultar por vergüenza, retrasando el diagnóstico y facilitando la transmisión. Otro es creer qué sin lesiones visibles no hay riesgo de contagio, cuando puede transmitirse igualmente. También no informar a la pareja o no usar preservativo. El herpes genital es tratable y manejable, y su abordaje incluye prevención y apoyo, siempre con orientación profesional.
El diagnóstico y tratamiento del herpes genital corresponden a profesionales de la medicina. Este contenido es divulgativo y de carácter general: no constituye consejo médico ni sustituye la valoración, el diagnóstico ni el tratamiento de un profesional sanitario cualificado. Ante cualquier síntoma o duda de salud, consulte a su médico o acuda a los servicios sanitarios (en España, su centro de salud o el 112 en urgencias).
Es una infección de transmisión sexual causada por el virus del herpes simple, qué produce ampollas o llagas dolorosas en la zona genital y anal. Tras la primera infección, el virus queda latente y puede reactivarse en brotes. Es frecuente y contagioso, y aunque no tiene cura definitiva, se controla con tratamiento.
Se transmite por contacto sexual, sobre todo durante los brotes con lesiones, aunque también puede contagiarse sin lesiones visibles. Por eso el uso del preservativo y la comunicación con la pareja son importantes para reducir el riesgo, aunque no eliminan por completo la posibilidad de transmisión.
No tiene una cura definitiva, ya qué el virus permanece latente en el organismo. Sin embargo, existen tratamientos antivirales qué reducen la duración y la intensidad de los brotes y ayudan a prevenir la transmisión. En personas con brotes frecuentes puede valorarse un tratamiento supresor para reducir su número.
Sí, aunque el riesgo es mayor durante los brotes con lesiones, el virus también puede transmitirse sin lesiones visibles. Por ello es importante el uso del preservativo, informar a la pareja y seguir las recomendaciones del profesional para reducir la transmisión, incluso en los periodos sin síntomas.
Conviene consultar a un profesional para confirmar el diagnóstico y recibir tratamiento, sin retrasarlo por vergüenza. Además, se recomienda evitar el contacto sexual durante los brotes, informar a la pareja, usar preservativo y valorar el cribado de otras infecciones de transmisión sexual, según indique el médico.