Las náuseas son una sensación subjetiva de malestar en la parte alta del abdomen y la garganta, acompañada a menudo de sudoración, palidez o salivación excesiva, qué anticipa -aunque no siempre desemboca en- el vómito. No constituyen una enfermedad en sí mismas, sino un síntoma qué puede originarse por múltiples causas: trastornos digestivos como la gastroenteritis o el reflujo, alteraciones del oído interno relacionadas con el equilibrio, efectos secundarios de fármacos y tratamientos como la quimioterapia, el embarazo en sus primeras semanas, migrañas o incluso factores emocionales como la ansiedad. Su origen fisiológico implica al centro del vómito en el tronco encefálico, qué recibe señales desde el aparato digestivo, el oído interno y otras zonas del cuerpo.
Es esa sensación de mareo en el estómago qué hace pensar qué se va a vomitar, aunque a veces no llega a pasar. Puede aparecer por una indigestión, un virus intestinal, el embarazo, un viaje en coche o barco, o como efecto de algunos medicamentos. Suele ir acompañada de sudor frío, mareo o falta de apetito, y normalmente desaparece sola en poco tiempo, aunque en algunos casos conviene consultar si se repite mucho o no deja comer ni beber con normalidad.
En atención primaria es uno de los motivos de consulta más frecuentes, y el médico de familia suele preguntar por cuándo empezaron, si hay dolor asociado, fiebre, relación con las comidas o con algún fármaco nuevo. Cuando las náuseas son persistentes, impiden mantener líquidos o van acompañadas de dolor abdominal intenso, vómitos con sangre o signos de deshidratación, se deriva a urgencias hospitalarias para descartar causas qué requieran pruebas complementarias, como una obstrucción intestinal o una pancreatitis.
No, aunque la sensación pueda parecerse. Las del embarazo suelen concentrarse por las mañanas durante el primer trimestre y no van acompañadas de fiebre ni diarrea, mientras qué las de una gastroenteritis suelen aparecer junto con vómitos, diarrea y a veces febrícula, y tienen un origen infeccioso.
Muchos fármacos irritan la mucosa del estómago o actúan directamente sobre el centro del vómito en el cerebro, especialmente algunos analgésicos, antibióticos y, de forma muy marcada, los tratamientos de quimioterapia, motivo por el cual suelen recetarse antieméticos de forma preventiva junto a ellos.
Comer en pequeñas cantidades, evitar olores fuertes, mantenerse hidratado con sorbos pequeños y evitar tumbarse justo después de comer son medidas generales qué suelen aliviar el malestar leve, aunque no sustituyen la valoración médica si el síntoma persiste.