La psoriasis es una enfermedad inflamatoria crónica de la piel, de base inmunitaria, en la que las células cutáneas se renuevan de forma acelerada, formando placas rojizas cubiertas de escamas blanquecinas, habitualmente en codos, rodillas, cuero cabelludo y zona lumbar, aunque puede afectar a otras áreas y a las uñas. No es contagiosa. Cursa en brotes y puede asociarse a otras afecciones, como la artritis psoriásica o problemas metabólicos. Su intensidad varía mucho de una persona a otra. Aunque no tiene cura definitiva, existen tratamientos eficaces para controlarla.
En palabras sencillas, la psoriasis es una enfermedad de la piel en la que esta se renueva demasiado rápido y forma placas rojas con escamas blancas, sobre todo en codos, rodillas y cuero cabelludo. No se contagia. Va por temporadas, con brotes y épocas mejores. No se cura del todo, pero hay tratamientos que la controlan bien y mejoran mucho la piel y la calidad de vida.
Un hombre de 35 años consultó por placas rojizas con escamas en los codos, las rodillas y el cuero cabelludo, que picaban y le preocupaban estéticamente. El dermatólogo diagnosticó una psoriasis y explicó su carácter crónico y no contagioso. Se inició tratamiento tópico para las placas y se dieron recomendaciones de cuidado de la piel y de estilo de vida, valorando otras opciones según la extensión y la respuesta.
El tratamiento de la psoriasis depende de su extensión y gravedad e incluye tratamientos tópicos (cremas y pomadas), fototerapia y, en formas moderadas o graves, tratamientos sistémicos o biológicos que actúan sobre el sistema inmunitario. También se cuidan la hidratación de la piel y los factores que desencadenan brotes. En España, el manejo corresponde a dermatología. El objetivo es controlar los brotes, mejorar la piel y la calidad de vida, y vigilar enfermedades asociadas.
Un error frecuente y dañino es creer que la psoriasis se contagia, lo que genera rechazo social injustificado. Otro error es abandonar el tratamiento al mejorar, favoreciendo nuevos brotes. También se descuida la hidratación de la piel y el control de desencadenantes (estrés, tabaco, alcohol). Y se ignora que puede asociarse a artritis psoriásica u otros problemas que conviene vigilar.
El diagnóstico y tratamiento de la psoriasis corresponden a profesionales de la medicina, especialmente dermatólogos. Este contenido es divulgativo y de carácter general: no constituye consejo médico ni sustituye la valoración, el diagnóstico ni el tratamiento de un profesional sanitario cualificado. Ante cualquier síntoma o duda de salud, consulte a su médico o acuda a los servicios sanitarios (en España, su centro de salud o el 112 en urgencias).
No. La psoriasis no es contagiosa; es una enfermedad inflamatoria de base inmunitaria, no una infección, por lo que no se transmite de una persona a otra por ningún tipo de contacto. Esta creencia errónea genera un estigma injusto hacia quienes la padecen. Informar de que no se contagia es importante para su bienestar. Su diagnóstico y tratamiento deben realizarse siempre con un profesional.
La psoriasis es una enfermedad crónica que hoy no tiene cura definitiva, pero se controla de forma eficaz con los tratamientos disponibles, logrando en muchos casos aclarar las placas y mantener largos periodos de mejoría. El tratamiento se adapta a la gravedad y a cada persona. Con un buen control, la calidad de vida mejora notablemente. El seguimiento debe realizarlo un profesional de la dermatología.
Los brotes pueden desencadenarse por diversos factores, como el estrés, ciertas infecciones, el tabaco, el alcohol, algunos medicamentos, lesiones en la piel o los cambios de estación. Identificar y controlar los propios desencadenantes ayuda a reducir los brotes. No todas las personas responden igual a los mismos factores. El manejo y las recomendaciones deben individualizarse con el profesional que atiende el caso.
No siempre. Aunque la manifestación principal es cutánea, la psoriasis puede asociarse a la artritis psoriásica, que afecta a las articulaciones, y a un mayor riesgo de problemas metabólicos y cardiovasculares. Por eso el seguimiento no se limita a la piel. Ante dolor o inflamación articular en una persona con psoriasis conviene consultar. La valoración global corresponde a los profesionales que atienden la enfermedad.
Según la gravedad, hay tratamientos tópicos (cremas y pomadas) para formas leves, fototerapia, y tratamientos sistémicos o biológicos que actúan sobre el sistema inmunitario para las formas moderadas o graves. Además, la hidratación de la piel y el control de desencadenantes ayudan. La elección del tratamiento depende de cada caso y debe indicarla y supervisarla un profesional de la dermatología, ajustándola según la respuesta.