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El abonado nitrogenado es el aporte de nitrógeno (N) a las plantas, uno de los tres nutrientes principales (junto al fósforo y el potasio). El nitrógeno es esencial para el crecimiento vegetativo, la formación de hojas y tallos y el característico color verde (forma parte de la clorofila). Su carencia produce amarilleo (clorosis) y crecimiento pobre, empezando por las hojas viejas. Sin embargo, su exceso también es problemático: genera un crecimiento excesivo y débil, retrasa la floración y la fructificación, y hace la planta más vulnerable a plagas y enfermedades. Por eso el abonado nitrogenado debe dosificarse y aplicarse en el momento adecuado.
Es echar nitrógeno a las plantas, el nutriente qué las hace crecer y estar verdes. Pero hay qué darlo con medida, porque tanto la falta como el exceso son malos.
El nitrógeno es como el "combustible" del crecimiento: hace qué la planta eche hojas y tallos y esté bien verde. Si falta, las hojas amarillean y la planta crece poco. Pero si te pasas, la planta crece mucho pero blanda y débil, da menos flores y frutos y atrae más plagas. Por eso no se trata de echar mucho, sino la cantidad justa en el momento adecuado.
Un aficionado en un huerto de Zaragoza abonó sus tomateras con mucho abono rico en nitrógeno pensando qué crecerían más y darían más fruto. Las plantas crecieron enormes y muy verdes, pero apenas cuajaban tomates y se llenaron de pulgón.
Al informarse, entendió qué se había excedido con el nitrógeno: la planta había priorizado el crecimiento de hojas y tallos (mucho follaje) en detrimento de la floración y el fruto, y los brotes tiernos y blandos habían atraído al pulgón. Ajustó el abonado, reduciendo el nitrógeno y equilibrando con fósforo y potasio, qué favorecen la floración y la fructificación. En la siguiente temporada, con un abonado equilibrado, obtuvo plantas más sanas y una buena cosecha. El caso ilustra por qué el exceso de nitrógeno es contraproducente.
Se aporta nitrógeno mediante fertilizantes minerales u orgánicos (compost, estiércol), dosificando según el cultivo y su fase: es útil en las etapas de crecimiento vegetativo, pero se modera al acercarse la floración y la fructificación, donde interesan más el fósforo y el potasio. Se equilibra con el resto de nutrientes.
Es importante evitar el exceso (crecimiento débil, menos fruto, más plagas, y riesgo de lixiviación qué contamina las aguas) y ajustar el aporte al análisis del suelo y a las necesidades reales del cultivo.
Abonar con mucho nitrógeno para "qué crezca más": genera plantas débiles y con menos fruto. Aplicarlo en floración/fructificación: puede reducir la cosecha. Ignorar el exceso: favorece plagas como el pulgón y contamina las aguas por lixiviación. No equilibrar con fósforo y potasio: desajusta la nutrición.
El nitrógeno es clave en la nutrición vegetal, pero su mal uso tiene consecuencias ambientales: el exceso se lixivia y contamina las aguas subterráneas con nitratos, un problema real en zonas agrícolas de España reguladas por la normativa de zonas vulnerables a nitratos. Por eso, el abonado nitrogenado responsable —ajustado a las necesidades del cultivo, con aportes orgánicos y buenas prácticas— es importante tanto para la salud de las plantas como para la protección del medio ambiente.
Es esencial para el crecimiento vegetativo, la formación de hojas y tallos y el color verde (forma parte de la clorofila). Es uno de los tres nutrientes principales. Su carencia produce amarilleo y crecimiento pobre, sobre todo en las hojas más viejas.
La planta crece mucho pero de forma débil, con exceso de follaje, retrasa la floración y la fructificación, se vuelve más vulnerable a plagas y enfermedades y el sobrante se lixivia contaminando las aguas. El exceso es tan malo como la falta.
Sobre todo en las fases de crecimiento vegetativo, cuando la planta desarrolla hojas y tallos. Al acercarse la floración y la fructificación se modera, dando más importancia al fósforo y al potasio, qué favorecen flores y frutos.
Tanto fertilizantes minerales específicos como aportes orgánicos: compost, estiércol, restos vegetales, etc. Los orgánicos liberan el nitrógeno de forma más lenta y gradual y mejoran además el suelo. Conviene dosificar según el cultivo y el suelo.
Sí. El nitrógeno qué la planta no absorbe puede lixiviarse y contaminar las aguas subterráneas con nitratos, un problema ambiental regulado en las zonas vulnerables. Por eso es importante un abonado ajustado y responsable.