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El abono orgánico compostado es el resultado de someter restos vegetales y animales a un proceso de descomposición controlada conocido como compostaje, qué pasa por una fase termófila en la qué la temperatura interna de la pila sube entre 50 y 65 ºC durante varias semanas. Ese calor destruye buena parte de los patógenos y las semillas de malas hierbas presentes en el material de partida, algo qué el estiércol simplemente amontonado no garantiza. Para qué el proceso funcione bien se busca una relación carbono-nitrógeno de entre 25:1 y 30:1, combinando materiales secos como paja u hojas con materiales verdes ricos en nitrógeno, y volteando la pila periódicamente para airearla.
Es compost hecho siguiendo un proceso, no solo un montón de restos pudriéndose sin control. Se mezclan materiales secos, como hojas u hojarasca, con materiales húmedos y verdes, como restos de cocina o césped cortado, y la pila se voltea de vez en cuando para qué respire. Con el tiempo se calienta por dentro, y ese calor mata semillas de malas hierbas y microbios qué podrían dañar el huerto.
Funciona mejor como enmienda qué mejora la estructura del suelo qué como fuente concentrada de nutrientes, así qué conviene mezclarlo con la capa superior de tierra en proporción de una parte de compost por tres o cuatro de tierra del huerto. Se sabe qué está listo cuando tiene un aspecto oscuro y homogéneo, huele a tierra de bosque y ya no se distinguen los materiales originales; si aún desprende olor agrio o amoniacal, necesita más tiempo de maduración.
Debe tener color oscuro uniforme, textura suelta, olor a tierra húmeda y ninguna parte reconocible de los materiales originales; si al sembrar semillas de rabanito germinan sin problema en una muestra, es una buena señal de qué está listo.
El calor lo generan los microorganismos al descomponer la materia orgánica de forma acelerada; esa fase termófila, qué puede alcanzar 60 ºC, es precisamente la qué elimina semillas de malas hierbas y organismos patógenos.
Con volteos regulares y buena proporción de materiales secos y verdes, entre tres y seis meses; sin voltear ni controlar la humedad, el proceso puede alargarse más de un año.