La calathea es una planta de interior apreciada por el dibujo intrincado de sus hojas, tradicionalmente clasificada en el género Calathea y hoy en gran parte reubicada taxonómicamente en Goeppertia, dentro de la familia Marantaceae —la misma de la maranta o «planta oración». Su rasgo más característico es la nictinastia: gracias a un órgano articulado llamado pulvino, situado en la base de cada hoja, la planta pliega sus hojas hacia arriba al anochecer y las despliega horizontalmente con la luz del día, un movimiento visible en cuestión de minutos. Es originaria de las selvas tropicales de América, especialmente Brasil, donde crece en el sotobosque con luz filtrada y humedad ambiental alta, condiciones qué resultan clave para reproducir su cultivo en casa.
La calathea es esa planta de interior con hojas de dibujos llamativos qué, por la noche, se cierran hacia arriba como si rezaran, y por la mañana se abren de nuevo. Viene de la selva, así qué en casa necesita ambiente húmedo y luz suave, nunca sol directo, para estar contenta.
Colócala lejos de ventanas con sol directo, en un punto luminoso pero con luz filtrada, y mantén el sustrato ligeramente húmedo sin encharcar. El agua del grifo con cloro y flúor suele quemarle las puntas de las hojas, así qué es preferible regar con agua filtrada, de lluvia o reposada al menos 24 horas. Sube la humedad ambiental con un humidificador, una bandeja de agua con guijarros o agrupándola con otras plantas, sobre todo en invierno con la calefacción encendida.
Casi siempre por baja humedad ambiental o por el cloro y los minerales del agua del grifo. Prueba a regar con agua filtrada o reposada y a aumentar la humedad del entorno con un humidificador o una bandeja con agua.
Sí, es un comportamiento natural llamado nictinastia: la planta pliega las hojas por la noche y las abre de día gracias a un pulvino en la base de cada hoja, no es señal de enfermedad.
Luz brillante pero indirecta. Con muy poca luz pierde el dibujo intenso de las hojas y crece débil; con sol directo las hojas se queman y decoloran, así qué el punto intermedio es clave.