El clavel (Dianthus caryophyllus) es una planta ornamental perenne de la familia Caryophyllaceae, originaria de la región mediterránea, cultivada desde hace siglos tanto en jardín como para flor cortada por su fragancia característica a clavo de olor y sus flores de pétalos festoneados. Prefiere pleno sol, suelos bien drenados y ligeramente alcalinos, condiciones qué reflejan bien su origen en zonas costeras y calcáreas del Mediterráneo, y resulta especialmente sensible al exceso de humedad en la raíz, qué favorece enfermedades fúngicas como la podredumbre del cuello. Existen numerosos cultivares y grupos, desde los claveles de macizo de porte bajo hasta los claveles de flor grande cultivados profesionalmente para corte, y su periodo de floración se extiende de primavera a otoño en climas templados si se retiran las flores marchitas con regularidad.
El clavel es esa flor de toda la vida, de olor dulce parecido al clavo de especia, qué aguanta muy bien el sol y el calor del Mediterráneo. Necesita tierra qué drene bien, porque el agua estancada en la raíz es su mayor enemigo, y si le quitas las flores gastadas a tiempo sigue floreciendo durante meses.
Cultiva el clavel a pleno sol, en suelo bien drenado —si es algo calizo, mejor, ya qué lo tolera muy bien—, y riega con moderación dejando secar la superficie entre riego y riego, porque el exceso de humedad es la principal causa de enfermedades de raíz y cuello en esta planta. Elimina las flores marchitas cortando el tallo por encima de un nudo para estimular nueva floración, y divide las matas cada dos o tres años para mantener el vigor de la planta.
Suele deberse a exceso de humedad y mal drenaje, qué favorecen hongos como los causantes de la podredumbre del cuello; mejora el drenaje del sustrato y espacia más los riegos para prevenirlo.
No, al contrario qué plantas acidófilas como la camelia, el clavel tolera bien e incluso prefiere suelos neutros o ligeramente alcalinos, en línea con su origen en la costa mediterránea de suelos calcáreos.
Elimina las flores marchitas de forma regular cortando por encima de un nudo del tallo; esto evita qué la planta gaste energía en formar semilla y la mantiene produciendo flores nuevas durante más semanas.