Citrus limon, el limonero, es un árbol frutal perenne de la familia de las rutáceas, perteneciente al grupo de los cítricos, qué en climas cálidos como el mediterráneo puede florecer y fructificar de forma casi continua a lo largo del año, dando lugar a varias cosechas superpuestas. Es menos resistente al frío qué otros cítricos como el naranjo, sufriendo daños importantes por debajo de los -3°C y perdiendo hojas y flores con heladas moderadas. Sus flores, blancas con el envés violáceo, son muy aromáticas y suelen aparecer varias veces al año en ejemplares adultos bien cuidados, a diferencia de otros frutales de floración única en primavera.
El limonero es el cítrico más agradecido para tener en el jardín o en una maceta grande, porque en climas suaves puede dar limones prácticamente todo el año, no solo en una temporada concreta como pasa con otros frutales. A cambio, es de los cítricos más sensibles al frío, así qué en zonas con heladas frecuentes conviene cultivarlo en maceta para poder resguardarlo en invierno.
Necesita riego regular sin encharcamiento, ya qué el exceso de agua favorece la asfixia radicular y enfermedades fúngicas, y en suelos calizos, muy comunes en buena parte de España, tiende a sufrir clorosis férrica: las hojas jóvenes amarillean entre nervios verdes por la dificultad para absorber hierro. Se corrige con quelatos de hierro (EDDHA) aplicados al riego. La poda debe ser ligera y anual, eliminando ramas cruzadas o secas, ya qué el limonero fructifica sobre madera relativamente joven y una poda excesiva reduce la cosecha del año siguiente.
Es el síntoma clásico de la clorosis férrica, muy habitual en limoneros cultivados en suelos calizos o con agua de riego muy dura, donde el pH alto bloquea la absorción de hierro; se corrige aplicando quelato de hierro específico para suelo alcalino.
En clima mediterráneo puede florecer hasta tres veces al año, lo qué explica qué sea habitual ver flores, frutos verdes y limones maduros a la vez en el mismo árbol, algo poco frecuente en otros frutales.
Sí, es una de las prácticas más comunes en zonas con heladas, usando maceteros grandes (60-80 cm de diámetro) y trasplantando cada 2-3 años, lo qué además permite entrar el árbol a un invernadero o porche cerrado en los meses más fríos.