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Un huerto urbano es un espacio de cultivo de hortalizas, frutas y plantas aromáticas ubicado dentro de la ciudad: terrazas, balcones, patios, azoteas o parcelas municipales cedidas para uso comunitario. Su objetivo es producir alimentos frescos a pequeña escala adaptando las técnicas de cultivo al espacio reducido, a menudo en macetas o jardineras.
El huerto urbano combina principios de la agricultura tradicional con soluciones específicas para la ciudad, como mesas de cultivo elevadas, sustratos ligeros, riego por goteo automatizado y, en algunos casos, cultivo vertical o hidropónico para aprovechar al máximo la superficie disponible. La rotación de cultivos y el compost casero son prácticas habituales para mantener la fertilidad del sustrato.
Además de su función productiva, el huerto urbano tiene un valor social y educativo: numerosos ayuntamientos españoles gestionan huertos urbanos comunitarios en parcelas municipales dirigidos a colegios, mayores o vecinos, fomentando la alimentación sostenible y el contacto con la naturaleza en entornos densamente urbanizados.
Un huerto urbano es un pequeño huerto dentro de la ciudad —en una terraza, un balcón o un solar— donde se cultivan hortalizas y aromáticas sin disponer de un terreno agrícola.
Para empezar un huerto urbano en un espacio pequeño es recomendable usar macetas o mesas de cultivo con buen drenaje, un sustrato específico para huerto, riego regular y hortalizas de ciclo corto como lechugas, tomates cherry o aromáticas, que se adaptan bien a maceteros.
Hortalizas de porte pequeño como lechugas, rabanitos, fresas o tomates cherry, y aromáticas como albahaca, perejil o menta, que se adaptan bien a macetas y jardineras.
La mayoría de hortalizas necesita al menos 5-6 horas diarias de sol directo; en orientaciones más sombrías conviene elegir especies de hoja que toleren menos luz.
Sí, numerosos ayuntamientos ceden parcelas de huerto urbano comunitario mediante solicitud pública, con listas de espera según la demanda local.