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El injerto de yema es una técnica de propagación vegetal que consiste en insertar una yema procedente de una variedad deseada, extraída junto con una pequeña porción de corteza, sobre el tallo o tronco de un patrón o portainjerto con sistema radicular ya establecido, de modo que ambos tejidos se sueldan y la yema se desarrolla como parte de la nueva planta.
Existen variantes como el injerto de yema en escudete, en el que la yema se corta con forma de escudo y se inserta bajo una incisión en corteza del patrón, o el injerto de yema de chip, que incluye una fina lámina de madera bajo la corteza y se emplea cuando la savia circula con menor fluidez. La elección depende de la especie, la época del año y la habilidad del injertador.
Esta técnica se emplea ampliamente en frutales como cítricos, rosales y vides porque permite multiplicar variedades de interés comercial conservando exactamente sus características de fruto, flor o resistencia, aprovechando además el vigor y la adaptación al suelo que aporta el patrón, algo que la propagación por semilla no garantiza.
En palabras sencillas, el injerto de yema es como trasplantar un pequeño trozo de piel con un brote de una planta buena a otra planta con raíces fuertes, para que las dos se unan y crezcan como una sola, combinando lo mejor de cada una: el fruto de una y la raíz resistente de la otra.
Para realizar un injerto de yema con éxito conviene elegir un patrón sano en plena actividad vegetativa, extraer la yema de una rama madre vigorosa y sin flores, hacer un corte limpio con navaja de injertar bien afilada, encajar la yema ajustando bien los tejidos y sujetar con cinta específica hasta comprobar que ha prendido, retirando la cinta gradualmente.
Generalmente a finales de verano o principios de otoño, cuando la corteza del patrón se despega con facilidad por la actividad de la savia, aunque también puede realizarse en primavera dependiendo de la especie y el clima de la zona.
A las dos o tres semanas la yema debe mantenerse verde, turgente y firme; si se seca, se oscurece o se desprende al tacto, el injerto ha fracasado y conviene repetir el proceso con una nueva yema en otra zona del patrón.
Requiere muy poco material vegetal, apenas una yema, deja una cicatriz mínima en la planta madre, permite injertar varias variedades sobre un mismo patrón y ofrece un porcentaje de éxito alto cuando se ejecuta en el momento adecuado.