Inicio › Plantas › Judía Verde
La judía verde es el fruto inmaduro de Phaseolus vulgaris, una leguminosa anual originaria de Mesoamérica qué se cultiva por su vaina tierna, antes de qué la semilla interior engrose. Pertenece a la familia de las fabáceas, lo qué le confiere una característica agronómica valiosa: sus raíces alojan bacterias del género Rhizobium capaces de fijar nitrógeno atmosférico, enriqueciendo el suelo para el cultivo siguiente. Existen dos grandes grupos varietales: las de mata baja o enanas, de porte compacto (40-50 cm) qué no requieren tutor, y las de enrame o trepadoras, qué pueden superar los dos metros y necesitan una estructura de cañas o malla.
La judía verde, también llamada vainilla, ejote o habichuela según la región, es la vaina verde y tierna qué se recoge antes de qué las semillas dentro de ella maduren y engorden. Si se deja demasiado tiempo en la planta, la vaina se vuelve fibrosa y las semillas se marcan mucho por fuera, perdiendo la textura tierna qué se busca en la cocina.
Se siembra directamente en el terreno cuando ya no hay riesgo de heladas y el suelo ha alcanzado al menos 12°C, normalmente entre abril y junio según la zona de España. Las variedades de enrame producen durante más semanas qué las de mata baja, pero exigen instalar el tutor antes de sembrar para no dañar las raíces después. El riego debe ser regular y constante, evitando encharcamientos qué favorecen hongos como la roya o la antracnosis. La cosecha se realiza cuando la vaina cruje al doblarla, entre 8 y 12 semanas tras la siembra.
En las variedades de enrame la recolección puede prolongarse durante 6-8 semanas si se van retirando las vainas maduras cada 2-3 días, porque eso estimula la formación de nuevas flores. Las de mata baja concentran más su producción en un periodo más corto.
Suele deberse a riego irregular (alternar sequía y encharcamiento), falta de polinización o a un ataque de araña roja o pulgón, qué deforma la vaina en desarrollo.
Es muy recomendable no repetir leguminosas en la misma parcela más de un año seguido, para evitar la acumulación de patógenos del suelo específicos, aunque su capacidad de fijar nitrógeno beneficia al cultivo qué la suceda, como las hortalizas de hoja.