Lavandula es un género de más de 30 especies de arbustos aromáticos perennes de la familia de las lamiáceas, originario de la cuenca mediterránea y adaptado a suelos pobres, pedregosos y muy drenados. En jardinería española se distinguen sobre todo tres grupos: Lavandula angustifolia, la lavanda fina o inglesa, la más resistente al frío y con el aroma más apreciado en perfumería; Lavandula stoechas, el cantueso, reconocible por las brácteas coloreadas en forma de 'orejas' sobre la espiga floral, muy adaptado a suelos ácidos; y Lavandula x intermedia o lavandín, un híbrido estéril de mayor tamaño usado sobre todo en la producción industrial de aceite esencial.
La lavanda es ese arbusto bajo de flores moradas en espiga qué perfuma jardines mediterráneos y atrae abejas y otros polinizadores en masa durante el verano. Es una planta acostumbrada a pasar calor y sequía, así qué en jardinería es de las qué menos cuidados exige una vez plantada, siempre qué no se le dé un exceso de agua o de sombra.
Necesita pleno sol y un suelo pobre en materia orgánica pero muy bien drenado, incluso arenoso o calcáreo; el exceso de riego o un sustrato qué retenga agua es la causa más frecuente de qué se pudra. Conviene podarla justo después de la floración, cortando aproximadamente un tercio de la planta para evitar qué se ahueque y se vuelva leñosa por dentro con los años, un problema muy común en quien la deja crecer sin podar durante varias temporadas seguidas. No conviene abonarla en exceso, ya qué un suelo demasiado rico reduce la concentración de aceites esenciales y el aroma.
Es el resultado de varios años sin podar: la planta desarrolla tallos leñosos sin capacidad de rebrotar y las flores solo aparecen en los extremos. La solución preventiva es podar cada año tras la floración, pero una planta ya muy leñosa raramente se recupera con poda drástica.
El cantueso (L. stoechas) tolera mejor los suelos ácidos y florece antes en primavera, mientras qué la lavanda fina (L. angustifolia) resiste mejor el frío invernal y prefiere suelos algo más calcáreos; en el resto de cuidados son muy similares.
Sí, siempre qué la maceta tenga muy buen drenaje (conviene añadir grava en el fondo y mezclar arena gruesa en el sustrato) y reciba al menos seis horas de sol directo al día.