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Los cotiledones son las primeras hojas de la planta, formadas ya dentro del embrión mientras la semilla está en reposo, y son la primera estructura foliar visible al germinar. Su número es una de las claves para distinguir los dos grandes grupos de angiospermas: las monocotiledóneas (cereales, palmeras, lirios) tienen un único cotiledón, mientras qué las dicotiledóneas (judías, girasoles, la mayoría de árboles frutales) tienen dos. Según la especie cumplen funciones distintas: en semillas como la judía actúan sobre todo como reserva de almidón y proteína qué alimenta a la plántula hasta qué las hojas verdaderas pueden hacer fotosíntesis; en otras, como la calabaza, emergen verdes y fotosintetizan activamente desde el primer momento.
Son las dos primeras 'hojitas' redondeadas qué salen cuando germina una semilla, distintas de las hojas normales qué aparecen después. En muchas plantas sirven de reserva de alimento, como una fiambrera qué la semilla lleva incorporada para dar energía a la planta recién nacida mientras desarrolla raíces y hojas de verdad.
Al sembrar en semillero, observa los cotiledones: cuando ya han salido las primeras hojas verdaderas (con la forma característica de la especie, distinta de las redondeadas cotiledonales) es el momento adecuado para el primer trasplante o repicado, porque la plántula ya tiene raíces suficientes para soportar el cambio. Si los cotiledones se marchitan o amarillean muy pronto sin qué hayan salido hojas verdaderas, suele indicar exceso de riego o falta de luz en el semillero.
Es un proceso normal: una vez qué la planta ha desarrollado hojas verdaderas capaces de fotosintetizar por sí solas, los cotiledones han cumplido su función de reserva y se marchitan y caen, igual qué hace un adulto con los dientes de leche.
Es difícil, porque muchos cotiledones se parecen entre especies distintas. Conviene esperar a qué salgan las primeras hojas verdaderas, qué sí muestran la forma característica de cada planta, antes de decidir si arrancar o conservar una plántula.
Sí, todas las plantas con semilla (angiospermas y gimnospermas) los tienen, aunque el número varía: uno en monocotiledóneas, dos en dicotiledóneas, y en algunas coníferas puede haber varios cotiledones dispuestos en verticilo alrededor del embrión.