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El aclareo de frutos es la práctica de eliminar una parte de los frutos jóvenes de un árbol o planta cuando estos son aún pequeños, para que los que permanecen dispongan de más recursos y alcancen un mayor tamaño y calidad. Cuando un árbol cuaja demasiados frutos, estos compiten entre sí por los nutrientes, el agua y la luz, resultando en frutos pequeños y de peor calidad, además de sobrecargar y agotar al árbol. El aclareo corrige este exceso, mejora el calibre y la calidad de la cosecha y ayuda a evitar la vecería (alternancia de años de mucha y poca producción).
Es quitar parte de los frutos pequeños de un árbol para que los que quedan crezcan más grandes y sabrosos, en vez de tener muchos pero diminutos.
Cuando un frutal echa demasiados frutos, no puede alimentarlos todos bien: salen pequeños y de mala calidad, y el árbol se agota. Si quitas una parte cuando aún son pequeños, los que dejas reciben más alimento y agua, y crecen grandes y buenos. Es como aligerar la carga del árbol para tener una cosecha mejor, aunque tenga menos piezas.
Un fruticultor de Lleida cultivaba melocotoneros que, en años de buena cuajada, cargaban demasiados frutos. Sin aclareo, la cosecha era abundante en número pero de frutos pequeños, poco valorados en el mercado, y los árboles tendían a la vecería.
Cada temporada, cuando los frutos jóvenes tenían un tamaño adecuado, realizaba el aclareo eliminando parte de ellos, dejando una separación adecuada entre los que permanecían en cada rama. Los frutos restantes, con más recursos, alcanzaban un calibre y una calidad muy superiores, mejor pagados. Además, al no agotar al árbol, la producción se regularizaba de un año a otro. El fruticultor comprobó que "menos frutos, pero mejores" era más rentable, y que el aclareo era una de las labores clave de su producción.
El aclareo se realiza cuando los frutos son jóvenes (tras la caída natural que hace el propio árbol), eliminando los excedentes, los defectuosos o mal situados, y dejando una densidad adecuada (una separación entre frutos según la especie). Puede hacerse a mano, mecánicamente o, en algunos cultivos, con productos aclarantes.
El objetivo es equilibrar la carga del árbol con su capacidad, mejorando el calibre y la calidad del fruto y regularizando la producción entre años. La intensidad del aclareo depende de la especie, la variedad y la cuajada de cada campaña.
No aclarar en años de mucha cuajada: frutos pequeños y árbol agotado. Aclarar demasiado tarde: el árbol ya ha gastado recursos en frutos que se van a quitar. Aclarar en exceso: se pierde cosecha innecesariamente. Dejar los frutos defectuosos: conviene eliminar primero los mal formados o dañados.
El aclareo de frutos es una labor fundamental en la fruticultura orientada a la calidad: prioriza el calibre y las características comerciales del fruto frente a la mera cantidad, lo que suele traducirse en mayor rentabilidad. Además, al equilibrar la carga, contribuye a la salud y longevidad del árbol y a evitar la vecería. Es un buen ejemplo de cómo el manejo del cultivo influye directamente en la calidad del producto final, tan importante en la fruta de mesa española.
Para eliminar parte de los frutos jóvenes cuando el árbol ha cuajado demasiados, de modo que los que quedan reciban más recursos y alcancen mayor tamaño y calidad, mejorando la cosecha y evitando agotar al árbol.
Cuando los frutos son aún jóvenes, generalmente tras la caída natural que realiza el propio árbol. Aclarar a tiempo evita que el árbol malgaste recursos en frutos que después se van a eliminar.
La vecería es la tendencia de algunos frutales a alternar años de mucha producción con años de poca. Al equilibrar la carga cada temporada, el aclareo evita el agotamiento del árbol y ayuda a regularizar la producción entre años.
Reduce el número de frutos, pero mejora su tamaño y calidad, de modo que el resultado suele ser una cosecha más valiosa y rentable. La idea es "menos frutos, pero mejores", frente a muchos frutos pequeños y de baja calidad.
Puede hacerse a mano (retirando los frutos excedentes, defectuosos o mal situados), mecánicamente o, en algunos cultivos, con productos aclarantes. Se deja una separación adecuada entre los frutos que permanecen según la especie.