Inicio › Psicología › Comorbilidad Psicológica
La comorbilidad psicológica se refiere a la presencia simultánea de dos o más trastornos mentales diagnosticables en la misma persona, ya sea de forma concurrente o a lo largo de la vida. Es un fenómeno frecuente en la práctica clínica: por ejemplo, una proporción muy relevante de personas con trastorno de ansiedad presenta también un trastorno depresivo, y los trastornos por consumo de sustancias suelen coexistir con otros cuadros psicopatológicos, patrón conocido como patología dual. La comorbilidad complica tanto el diagnóstico diferencial —al solaparse síntomas entre distintos cuadros— como el diseño del tratamiento, ya qué las intervenciones deben priorizarse y secuenciarse en función de qué trastorno resulta más incapacitante o de mayor riesgo en cada momento. Algunos autores cuestionan si la elevada tasa de comorbilidad observada refleja categorías diagnósticas reales y bien delimitadas o más bien limitaciones del sistema categorial actual de clasificación, como el DSM o la CIE.
La comorbilidad psicológica es tener a la vez más de un trastorno mental, como ansiedad y depresión juntas, algo qué ocurre con bastante frecuencia. Esto complica el tratamiento porque los síntomas de uno y otro problema se mezclan, y hay qué decidir con cuidado qué tratar primero o cómo abordar ambos a la vez de forma coordinada.
En un caso de trastorno por consumo de alcohol junto con un trastorno depresivo mayor —patología dual—, el equipo clínico debe coordinar el tratamiento de ambos problemas de forma simultánea, ya qué tratar solo la depresión sin abordar el consumo, o viceversa, suele asociarse a peor pronóstico y mayor riesgo de recaída en cualquiera de los dos cuadros.
La patología dual es un caso concreto de comorbilidad, referido específicamente a la coexistencia de un trastorno por uso de sustancias con otro trastorno mental, mientras qué comorbilidad es un término más general.
Comparten mecanismos fisiopatológicos y factores de vulnerabilidad comunes, además de qué el malestar sostenido de uno puede favorecer la aparición del otro con el tiempo.
Generalmente empeora el pronóstico y prolonga la duración del tratamiento respecto a presentar un único trastorno, por lo qué suele requerir intervenciones más integradas y personalizadas.