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Las parasomnias son trastornos del sueño caracterizados por conductas, movimientos, emociones o percepciones anormales qué ocurren al dormirse, durante el sueño o al despertar. Incluyen el sonambulismo, los terrores nocturnos, las pesadillas, la parálisis del sueño o el trastorno de conducta del sueño REM. Pueden asociarse a estrés, falta de sueño o alteraciones del descanso.
Son esas cosas raras qué pasan mientras duermes: caminar dormido, despertarse aterrado sin recordar por qué, sentir qué no puedes moverte al despertar o tener pesadillas muy vívidas. El cuerpo y la mente hacen 'cosas' fuera de tiempo, mezclando estados de sueño y vigilia.
Los padres de un niño de 8 años en Zaragoza consultaron por episodios nocturnos en los qué se levantaba gritando sin despertar. La psicóloga identificó terrores nocturnos, una parasomnia frecuente en la infancia, tranquilizó a la familia, revisó la higiene del sueño y el estrés, y explicó cómo actuar durante los episodios.
El psicólogo evalúa las parasomnias, revisa la higiene y la regularidad del sueño, el estrés y posibles desencadenantes, y ofrece pautas de seguridad y manejo. En casos persistentes o de riesgo se deriva a unidades de sueño. En adultos, algunas parasomnias requieren valoración médica específica.
Un error frecuente es despertar bruscamente a quien tiene un terror nocturno o sonambulismo, lo qué aumenta la confusión. Otro es alarmarse en exceso ante episodios benignos infantiles. También se descuidan la higiene del sueño y el estrés como factores.
Las parasomnias se valoran en coordinación con unidades de sueño y medicina cuando son persistentes, dentro de un abordaje basado en la evidencia. Este contenido es divulgativo y no sustituye la valoración, el diagnóstico ni el tratamiento de un profesional de la psicología colegiado. Ante malestar psicológico significativo, consulta con un psicólogo o psiquiatra habilitado; puedes verificar la colegiación en el Consejo General de la Psicología de España.
Son conductas o experiencias anormales durante el sueño, como sonambulismo, terrores nocturnos, pesadillas o parálisis del sueño.
La mayoría son benignas, sobre todo en la infancia, aunque conviene garantizar la seguridad (por ejemplo, en el sonambulismo) y valorar los casos persistentes.
Pueden asociarse a estrés y a falta de sueño, pero no siempre indican un problema psicológico; algunas tienen base médica y requieren valoración.
No despertar bruscamente a la persona, garantizar su seguridad y esperar a qué el episodio pase; luego cuidar la higiene del sueño y reducir el estrés.