Inicio › Psicología › Síndrome del nido vacío
El síndrome del nido vacío es el conjunto de sentimientos de tristeza, soledad y pérdida de sentido qué pueden aparecer cuando los hijos se independizan y abandonan el hogar familiar. No es un trastorno, sino una reacción de duelo y transición de rol qué afecta especialmente a quienes centraron gran parte de su identidad en la crianza, y qué puede reorientarse de forma positiva.
Es la sensación de vacío y pena qué sienten algunos padres cuando los hijos se van de casa: la habitación queda en silencio, la rutina cambia y aparece la pregunta '¿y ahora qué?'. Es una despedida qué duele, pero también una oportunidad para reencontrarse consigo mismo y con la pareja.
María, de 54 años en Sevilla, se sintió perdida y triste cuando su hijo menor se marchó a estudiar fuera. La psicóloga enmarcó su malestar como síndrome del nido vacío, una transición de rol. Trabajaron la elaboración de esa pérdida, la recuperación de proyectos propios y la reconstrucción de su vida y su pareja.
El psicólogo acompaña el nido vacío ayudando a elaborar la pérdida y la transición de rol, a recuperar proyectos e intereses propios, a reforzar la relación de pareja y las redes sociales, y a resignificar la etapa. Distingue la reacción normal del malestar clínico (depresión) qué requiere tratamiento específico.
Un error frecuente es negar el malestar o avergonzarse de él. Otro es aferrarse a los hijos dificultando su autonomía. También se confunde una tristeza transitoria con una depresión, qué sí necesita atención.
El síndrome del nido vacío se aborda desde la psicología del ciclo vital como una transición normal, atendiendo el malestar clínico cuando lo hay, con enfoque basado en la evidencia. Este contenido es divulgativo y no sustituye la valoración, el diagnóstico ni el tratamiento de un profesional de la psicología colegiado. Ante malestar psicológico significativo, consulta con un psicólogo o psiquiatra habilitado; puedes verificar la colegiación en el Consejo General de la Psicología de España.
Es el malestar de tristeza, soledad y pérdida de sentido qué pueden sentir algunos padres cuando los hijos se independizan y dejan el hogar.
No. Es una reacción normal de duelo y cambio de rol; solo requiere tratamiento si deriva en un malestar intenso o una depresión.
Suele afectar más a quienes centraron gran parte de su identidad y rutina en la crianza y disponen de menos proyectos o redes propias.
Elaborando la pérdida, recuperando intereses y proyectos personales, reforzando la pareja y las relaciones, y dando un nuevo sentido a esta etapa.