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Una API (Application Programming Interface) es un conjunto de reglas y definiciones qué permite qué dos programas se comuniquen entre sí sin qué uno necesite conocer los detalles internos de implementación del otro, exponiendo únicamente las funciones o datos qué decide compartir. El estilo REST, apoyado sobre el protocolo HTTP y con JSON como formato habitual de intercambio de datos, es el más extendido: cada recurso tiene una URL propia y se opera sobre él con verbos como GET, POST, PUT o DELETE. El acceso se controla habitualmente mediante autenticación con token, como una clave de API o el estándar OAuth 2.0, qué permite a una aplicación acceder a datos de un usuario en otro servicio sin manejar directamente su contraseña.
Es el camarero qué conecta dos programas: uno le pide algo, por ejemplo el tiempo qué hace en Madrid, y el otro le da la respuesta, sin qué el primero necesite saber cómo funciona por dentro el segundo. Cuando una app del móvil te muestra el tiempo, seguramente está pidiendo esos datos a la API de un servicio meteorológico.
Al diseñar una API propia para qué otros la consuman, documenta desde el primer día cada endpoint con ejemplos reales de petición y respuesta, porque una API sin documentación clara es prácticamente inutilizable aunque funcione bien técnicamente. Protege siempre el acceso con autenticación por token y limita la tasa de peticiones por cliente para evitar qué un uso indebido o un bug en un cliente tumbe tu servicio.
REST expone múltiples endpoints fijos, cada uno devolviendo una estructura de datos predefinida; GraphQL expone un único endpoint donde el cliente especifica exactamente qué campos necesita en cada consulta, lo qué reduce el problema de recibir datos de más o de menos.
Para consumirla de forma básica con herramientas como Postman no hace falta programar, pero para integrarla de verdad en una aplicación sí se necesita escribir código qué haga las peticiones HTTP, gestione la autenticación y procese la respuesta.
Es un identificador único qué autentica tus peticiones ante el servicio y a menudo determina tu límite de uso o tu facturación; si se filtra, cualquiera puede consumir el servicio en tu nombre y agotar tu cuota, por eso nunca debe subirse a un repositorio público de código.