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El cloud computing o computación en la nube es el modelo de prestación de servicios informáticos (servidores, almacenamiento, bases de datos, redes, software, análisis e inteligencia artificial) a través de internet, con pago por uso. Se organiza en tres modelos: IaaS (Infraestructura como Servicio), PaaS (Plataforma como Servicio) y SaaS (Software como Servicio). Los principales proveedores son Amazon Web Services (AWS), Microsoft Azure y Google Cloud Platform (GCP).
Antes de la nube, una empresa tenía que comprar servidores físicos, instalarlos en su oficina y mantenerlos. Con cloud computing alquilas ese poder de cómputo a Amazon, Microsoft o Google y solo pagas por lo que usas, como la electricidad. Si necesitas más potencia en Black Friday, la tienes en minutos. Si necesitas menos en enero, la reduces. Sin inversión inicial, sin hardware que gestionar.
Una startup española lanza una app de reservas de restaurantes. En lugar de comprar servidores propios (30.000 € + mantenimiento), usa AWS: EC2 para los servidores de aplicación (0,09 €/hora), RDS para la base de datos PostgreSQL (0,06 €/hora), S3 para almacenar fotos de restaurantes (0,023 €/GB/mes) y CloudFront como CDN para distribuir el contenido. La factura del primer mes: 180 €. Si la app se vuelve viral, AWS escala automáticamente sin intervención.
En España, la adopción del cloud en empresa privada supera el 60% (INE 2024). Para migrar a la nube hay que definir la estrategia (lift and shift, re-platform o re-architecture), evaluar la soberanía del dato (el RGPD exige que los datos de ciudadanos europeos se procesen en la UE o en países con decisión de adecuación), calcular el coste total (FinOps) y establecer políticas de seguridad (IAM, cifrado en reposo y en tránsito, MFA). La nube híbrida (combinación de infraestructura local y cloud) es común en sector financiero y salud.
Error 1: no monitorizar el gasto — las facturas cloud pueden dispararse sin alertas de presupuesto configuradas. Error 2: confundir alta disponibilidad (99,99% uptime) con backup — son conceptos distintos. Error 3: no cifrar datos en reposo ni en tránsito, incumpliendo el RGPD. Error 4: elegir el proveedor sin evaluar el lock-in tecnológico — migrar entre clouds es costoso.
RGPD (UE) 2016/679 — datos personales deben almacenarse en la UE o país con adecuación. ENS (Esquema Nacional de Seguridad, RD 311/2022) — obligatorio para administraciones públicas españolas que usen cloud. Ley de Inteligencia Artificial (UE 2024) — afecta a servicios cloud con capacidades IA.
IaaS (EC2, Azure VMs): tú gestionas el SO, middleware y apps; el proveedor gestiona el hardware. PaaS (Heroku, App Engine): tú solo gestionas el código; el proveedor gestiona SO, runtime y escalado. SaaS (Gmail, Salesforce, Office 365): tú solo usas la aplicación; el proveedor gestiona todo.
Depende. Los grandes proveedores invierten miles de millones en seguridad física y lógica, superando a la mayoría de empresas. Pero la seguridad es responsabilidad compartida: el proveedor asegura la infraestructura; tú aseguras los datos, los accesos y la configuración.
Es la combinación de infraestructura local (on-premise) con recursos cloud, interconectados de forma segura. Permite mantener datos sensibles en local (exigencia regulatoria en banca o sanidad) mientras se escala en la nube para cargas variables.