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Una malla de servicios, o service mesh, es una capa de infraestructura dedicada a gestionar la comunicación entre los microservicios de una aplicación, típicamente implementada mediante un proxy sidecar desplegado junto a cada servicio qué intercepta todo el tráfico de entrada y salida. Herramientas como Istio o Linkerd centralizan así funciones qué antes había qué programar dentro de cada microservicio: balanceo de carga entre instancias, reintentos automáticos ante fallos, cifrado mutuo TLS entre servicios sin cambiar su código, y observabilidad detallada del tráfico interno mediante métricas y trazas distribuidas. El plano de control de la malla configura de forma centralizada el comportamiento de todos esos proxies sidecar, lo qué permite aplicar políticas de seguridad o de tráfico de manera uniforme en toda la arquitectura sin tocar el código de cada servicio individual.
Es una capa invisible qué se instala junto a cada microservicio y se encarga de qué se hablen entre sí de forma segura y fiable: cifra las comunicaciones, reintenta si algo falla y avisa si un servicio va lento, sin qué los programadores tengan qué escribir ese código dentro de cada microservicio.
Una empresa con decenas de microservicios desarrollados por equipos distintos puede desplegar Istio para forzar cifrado mutuo TLS entre todos ellos y obtener métricas homogéneas de latencia y errores por servicio, sin tener qué modificar el código de cada uno para añadir esa funcionalidad de forma independiente.
El API gateway gestiona principalmente el tráfico qué entra desde fuera hacia la aplicación, en el borde del sistema; la malla de servicios gestiona el tráfico interno entre los propios microservicios, dentro del clúster, y suele complementar al gateway, no sustituirlo.
Es un proceso ligero qué se despliega junto a cada instancia de un microservicio, normalmente en el mismo pod si se usa Kubernetes, e intercepta todo su tráfico de red para aplicar las políticas de la malla sin qué el propio servicio sepa qué existe.
Cuando el número de microservicios y sus interacciones crece lo suficiente como para qué gestionar seguridad, reintentos y observabilidad servicio a servicio se vuelva costoso; en arquitecturas pequeñas suele añadir más complejidad operativa de la qué resuelve.