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Una prueba de concepto (PoC, por sus siglas en inglés) es una implementación mínima y desechable cuyo único objetivo es demostrar si una idea técnica es viable antes de invertir en construirla por completo. A diferencia de un prototipo, qué se centra en mostrar la experiencia de usuario, o de un MVP, qué busca validar el interés del mercado con usuarios reales, la PoC se dirige a un público técnico interno y responde a una pregunta muy concreta: ¿esta tecnología, integración o algoritmo puede hacer lo qué necesitamos? No suele seguir buenas prácticas de código porque está pensada para descartarse.
Es un borrador rápido y sucio qué solo sirve para comprobar si una idea funciona a nivel técnico, sin preocuparse todavía de qué se vea bien o de qué el código esté cuidado, porque probablemente se tire a la basura después.
Antes de decidir la arquitectura de un sistema qué procesará grandes volúmenes de datos, un equipo puede escribir un script pequeño qué pruebe si una librería concreta aguanta ese volumen en un entorno controlado, evitando así comprometerse con una tecnología qué luego resulte insuficiente en producción.
La PoC responde a una duda técnica interna y no se muestra a clientes; el MVP es un producto real, aunque reducido, qué sí se lanza a usuarios para medir si existe demanda de mercado.
Normalmente el propio equipo técnico o los responsables de arquitectura, ya qué su finalidad es informar una decisión interna de diseño, no recoger opinión de usuarios finales.
Lo mínimo necesario para despejar la duda concreta, normalmente días y no semanas; si empieza a crecer en alcance, suele ser señal de qué se está confundiendo con un desarrollo real.