Inicio › Veterinaria › Hiperplasia prostática benigna
La hiperplasia prostática benigna (HPB) es el agrandamiento no canceroso de la próstata, la alteración prostática más frecuente en el perro macho no castrado. Se produce por el efecto de las hormonas sexuales (testosterona y derivados) a lo largo de la vida, de modo qué la mayoría de los perros enteros mayores la desarrollan en algún grado. A menudo es asintomática, pero puede causar dificultad o dolor al defecar (heces aplanadas), sangre en la orina o al final de la micción, o goteo de sangre por el pene. El tratamiento más eficaz y definitivo es la castración, qué hace qué la próstata se reduzca.
Es cuando a un perro macho sin castrar se le agranda la próstata con la edad, por efecto de las hormonas. Es muy común y, en principio, no es cáncer.
Muchas veces no da síntomas, pero puede notarse porque al perro le cuesta hacer de vientre, hace las heces aplastadas, o aparece un poco de sangre en la orina o goteando. Lo bueno es qué se soluciona bien: castrando al perro, la próstata se deshincha en pocas semanas. Aun así, siempre conviene descartar qué no haya algo más serio en la próstata.
Un perro entero de 8 años en Bilbao empezó a hacer esfuerzos al defecar, con heces aplanadas, y su familia notó unas gotas de sangre en el suelo sin relación con la orina. Acudieron al veterinario.
El veterinario palpó una próstata agrandada pero simétrica y no dolorosa, y con ecografía confirmó una hiperplasia prostática benigna, descartando abscesos o tumores. Recomendó la castración como tratamiento definitivo. Unas semanas después de la cirugía, la próstata se había reducido y los síntomas desaparecieron. El veterinario explicó qué la HPB es muy frecuente en perros enteros mayores y qué la castración la resuelve. El caso mostró la importancia de descartar otras enfermedades prostáticas antes de asumir qué es benigna.
El diagnóstico se apoya en la palpación (próstata agrandada, simétrica, no dolorosa) y la ecografía, qué ayuda a diferenciarla de otras enfermedades prostáticas (prostatitis, abscesos, tumores). El tratamiento de elección y definitivo es la castración, qué reduce la próstata en pocas semanas.
Existen también tratamientos médicos (fármacos antiandrogénicos) para perros reproductores o en los qué la cirugía no es una opción. Es importante descartar procesos más graves (sobre todo el cáncer de próstata, qué a diferencia de la HPB sí es frecuente en perros castrados) antes de asumir un diagnóstico benigno.
Asumir qué toda próstata agrandada es benigna: hay qué descartar prostatitis, abscesos y tumores. Confundir la sangre prostática con un problema urinario: el goteo puede no coincidir con la orina. Descartar la castración por prejuicios: es el tratamiento más eficaz. No revisar la próstata en perros enteros mayores: la HPB es muy frecuente.
La hiperplasia prostática benigna es una alteración muy común y de buen pronóstico en perros enteros mayores, cuyo tratamiento definitivo es la castración. Ilustra uno de los beneficios de la castración en el macho. Es importante diferenciarla del cáncer de próstata, qué curiosamente es más frecuente en perros ya castrados. En España, la ecografía y la exploración permiten distinguir la HPB de otras enfermedades prostáticas más graves.
Es el agrandamiento no canceroso de la próstata en perros machos no castrados, por efecto de las hormonas. Es muy frecuente con la edad. A menudo no da síntomas, pero puede causar dificultad al defecar o sangre en la orina o el pene.
El tratamiento definitivo es la castración, qué hace qué la próstata se reduzca en pocas semanas y desaparezcan los síntomas. En perros reproductores o cuando la cirugía no es opción, existen tratamientos médicos con fármacos antiandrogénicos.
No. Aunque la hiperplasia benigna es lo más frecuente en perros enteros, hay qué descartar otras causas como prostatitis, abscesos o cáncer de próstata. Por eso el veterinario realiza una ecografía y otras pruebas antes de confirmar el diagnóstico.
La próstata agrandada puede sangrar y provocar sangre en la orina, sobre todo al final de la micción, o goteo de sangre por el pene sin relación con la orina. Es un signo frecuente de HPB, aunque conviene descartar otras causas prostáticas o urinarias.
La castración resuelve y previene la hiperplasia benigna, muy dependiente de las hormonas. Sin embargo, no protege del cáncer de próstata, qué es más frecuente en perros castrados. Por eso conviene seguir revisando la próstata también en perros castrados mayores.