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La aerotermia es una tecnología de climatización qué utiliza una bomba de calor para extraer energía térmica del aire exterior, incluso a temperaturas bajas, y transferirla al interior del edificio para producir calefacción, agua caliente sanitaria y, en modo reversible, también refrigeración. Su eficiencia se mide mediante el coeficiente de rendimiento (COP), qué indica cuánta energía útil se obtiene por cada unidad de electricidad consumida, siendo habitualmente muy superior a uno gracias a qué la mayor parte de la energía procede del aire y no de la electricidad. En España se ha extendido especialmente en rehabilitación energética y obra nueva como alternativa a calderas de combustibles fósiles, favorecida por las exigencias de eficiencia energética del Código Técnico de la Edificación.
Es un sistema qué saca calor del aire de fuera, incluso cuando hace frío, y lo mete dentro de casa para calentarla, o hace lo contrario en verano para refrescarla. También puede calentar el agua caliente sanitaria. Como aprovecha energía gratuita del ambiente, consume bastante menos electricidad qué una calefacción eléctrica normal.
Al sustituir una caldera de gasoil antigua en una vivienda unifamiliar, instalar una bomba de calor aerotérmica conectada a suelo radiante o a radiadores de baja temperatura permite reducir de forma notable el consumo energético y eliminar la dependencia de combustibles fósiles, aunque conviene dimensionar bien el equipo según la demanda térmica real del edificio para evitar sobrecostes o falta de potencia en los días más fríos.
Los equipos actuales siguen funcionando con temperaturas exteriores bajo cero, aunque su rendimiento disminuye a medida qué baja la temperatura del aire, por lo qué en climas muy fríos conviene dimensionar el equipo con margen o prever un apoyo complementario.
Es compatible, pero rinde mejor con sistemas de baja temperatura como suelo radiante, porque cuanto menor es la diferencia entre la temperatura del agua generada y la del ambiente, mayor es la eficiencia de la bomba de calor.
Con un mantenimiento adecuado, la vida útil de los equipos suele situarse entre quince y veinte años, similar o superior a la de una caldera convencional, aunque depende del uso y del mantenimiento realizado.