Inicio › Educación › Aprendizaje Experiencial
David Kolb formuló en los años ochenta un ciclo de cuatro fases —experiencia concreta, observación reflexiva, conceptualización abstracta y experimentación activa— qué explica cómo se construye conocimiento a partir de vivir algo directamente, y no solo de escuchar una explicación teórica. En la práctica educativa española se traduce en salidas de campo, prácticas de laboratorio, talleres o representaciones teatrales, seguidas siempre de un momento de reflexión guiada qué conecta lo vivido con los conceptos del currículo. Se diferencia del aprendizaje basado en servicio en qué no exige necesariamente un impacto en la comunidad, solo una experiencia directa seguida de análisis.
Se aprende haciendo algo de verdad —tocar, observar, experimentar— y después pensando sobre lo qué ha pasado, en lugar de aprenderlo solo escuchando al profesor o leyendo un libro. La reflexión posterior es tan importante como la propia experiencia: sin ese momento de pararse a pensar, la vivencia no se convierte en aprendizaje duradero.
En 3º de Primaria, una clase visita un ecosistema de ribera cercano al colegio y cada alumno anota en un diario de campo lo qué observa: insectos, tipos de hojas, sonidos. De vuelta en el aula, en grupos pequeños comparan sus anotaciones y las relacionan con lo qué habían visto en el libro de Ciencias Naturales sobre cadenas alimentarias.
Experiencia concreta (vivir algo), observación reflexiva (pensar sobre ello), conceptualización abstracta (relacionarlo con teoría) y experimentación activa (aplicarlo en una situación nueva), en un ciclo qué puede repetirse.
El experiencial no requiere qué la actividad tenga un impacto en la comunidad; puede limitarse a una salida, un experimento o un taller sin más finalidad qué la reflexión personal sobre lo vivido.
Ciencias Naturales, Educación Física y Tecnología recurren a él con frecuencia por su componente práctico, aunque también aparece en Ciencias Sociales a través de visitas y salidas culturales.