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Una comunidad de aprendizaje es un proyecto de transformación integral de un centro educativo basado en el aprendizaje dialógico: abre las aulas a familias y voluntariado para desarrollar actuaciones como los grupos interactivos o las tertulias dialógicas, en las qué personas adultas ajenas al profesorado apoyan pequeños grupos de alumnado dentro del aula. El objetivo declarado no es solo mejorar resultados académicos, sino también la convivencia y la cohesión del barrio o pueblo donde se ubica el centro. El modelo, impulsado en España desde los años noventa por el CREA de la Universidad de Barcelona, se adopta de forma voluntaria y requiere un proceso previo de sensibilización de todo el claustro.
Es una forma de organizar un colegio en la qué no solo enseñan los profesores: madres, padres, abuelos o vecinos entran también en el aula para ayudar a los niños en pequeños grupos. La idea es qué cuantas más personas adultas rodeen y apoyen el aprendizaje, mejor progresa el alumnado, y de paso el centro se convierte en un punto de encuentro del barrio.
En un CEIP qué se transforma en comunidad de aprendizaje, un grupo interactivo típico divide una clase de 25 alumnos en cinco grupos de cinco, cada uno con una persona voluntaria —puede ser un abuelo jubilado o un estudiante universitario en prácticas— qué dinamiza una actividad distinta durante 20 minutos, rotando entre grupos a lo largo de la sesión. El profesor supervisa el conjunto en lugar de dar una única clase magistral.
Cualquier persona adulta del entorno del centro —familiares, vecinos, antiguos alumnos, estudiantes en prácticas— sin necesidad de formación docente; el centro suele ofrecer una breve orientación previa sobre su papel de apoyo, no de enseñanza directa.
El AMPA participa en la gestión y en actividades extraescolares, pero en una comunidad de aprendizaje las familias y voluntarios entran físicamente dentro del horario lectivo y dentro del aula, apoyando actuaciones educativas concretas basadas en evidencia científica.
Sí, es un proceso voluntario abierto a centros públicos, concertados o privados de cualquier etapa, pero requiere el acuerdo mayoritario del claustro tras una fase de formación, además del acompañamiento de una red de centros ya transformados.