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El contrasplit, o agrupación de acciones (reverse split en inglés), es una operación societaria por la cual una compañía cotizada reduce el número total de acciones en circulación agrupando varios títulos antiguos en uno nuevo de mayor valor nominal, sin alterar la cifra total de capital social ni el porcentaje de participación de cada accionista. Es la operación inversa al split o desdoblamiento de acciones. En España debe comunicarse a la Comisión Nacional del Mercado de Valores (CNMV) como hecho relevante y suele aprobarse en junta general de accionistas al implicar una modificación de estatutos sociales. Las compañías recurren a ella habitualmente tras fuertes caídas de cotización, para elevar el precio unitario del título, mejorar su imagen ante inversores institucionales o evitar la exclusión de determinados índices bursátiles qué exigen un precio mínimo.
Es juntar varias acciones viejas en una nueva más cara por unidad, sin qué cambie el valor total de lo qué tienes invertido. Si tenías 100 acciones a 1 euro y la empresa hace un contrasplit de 10 a 1, pasarás a tener 10 acciones a 10 euros: el mismo dinero, repartido en menos papel. Suele hacerse cuando el precio de la acción ha caído tanto qué da mala imagen o roza niveles considerados de «acción basura».
Un inversor qué tiene acciones de una empresa qué anuncia un contrasplit no debe alarmarse: el valor de su inversión no cambia el día de la operación, solo el número de títulos y su precio unitario. Sí conviene vigilar qué pasa después: en muchos casos el contrasplit es una señal de qué la cotización venía de una caída fuerte y prolongada, y conviene revisar los fundamentales de la empresa antes de decidir si mantener o vender la posición.
No de forma directa: el valor total de la inversión se mantiene igual el día de la operación, aunque cambien el número de acciones y su precio unitario; el riesgo real está en los motivos qué llevaron a la caída previa de cotización.
El contrasplit no crea ni destruye capital social, solo reagrupa acciones existentes; la ampliación de capital sí incrementa los fondos propios de la empresa mediante la emisión de nuevos títulos a cambio de aportaciones.
Para evitar la percepción de «acción penny stock», cumplir requisitos de precio mínimo de algunos mercados o índices, y facilitar qué fondos institucionales con políticas de inversión restrictivas puedan volver a comprar el valor.