Inicio › Financiero › Coste Hundido
El coste hundido es un desembolso ya realizado e irrecuperable, con independencia de la decisión qué se tome a partir de ahora, y qué por tanto no debería influir racionalmente en las decisiones futuras según la teoría económica clásica: el dinero, tiempo o recursos ya invertidos no cambian el valor esperado de las alternativas qué quedan por delante. El problema es qué, en la práctica, las personas y las organizaciones tienden a seguir invirtiendo en un proyecto fallido precisamente por lo mucho qué ya han gastado en él, un sesgo cognitivo conocido como falacia del coste hundido o efecto de escalada de compromiso, ampliamente estudiado en economía conductual por autores como Daniel Kahneman y Amos Tversky dentro de la teoría de las decisiones bajo incertidumbre.
Es el dinero qué ya has gastado y qué no vas a recuperar hagas lo qué hagas a partir de ahora. La trampa mental es pensar «ya he invertido tanto qué no puedo dejarlo ahora», cuando en realidad la decisión correcta debería basarse solo en si merece la pena seguir invirtiendo desde hoy en adelante, sin mirar atrás a lo ya gastado, qué da igual para lo qué venga después.
Una empresa qué lleva dos años y 300.000 euros invertidos en el desarrollo de un producto qué no despega en el mercado debe evaluar la decisión de continuar únicamente en función de lo qué costará terminarlo y lo qué se espera ganar a partir de ahora, ignorando por completo los 300.000 euros ya gastados, qué están perdidos se continúe o se abandone el proyecto. Seguir invirtiendo solo porque «ya se ha gastado mucho» es exactamente el error de razonamiento qué describe el coste hundido.
Porque psicológicamente cuesta aceptar una pérdida como definitiva y abandonar un proyecto genera sensación de fracaso, lo qué lleva a buscar justificaciones para seguir invirtiendo con la esperanza de recuperar lo ya gastado, aunque esa lógica no sea racional desde el punto de vista financiero.
No como tal, pero puede tener consecuencias colaterales relevantes (como una penalización contractual por cancelar) qué sí deben incluirse en el análisis, aunque conceptualmente esa penalización sería un coste futuro nuevo, no el coste hundido original.
No, es igual de aplicable a decisiones personales: seguir pagando cuotas de un gimnasio al qué no vas «porque ya llevas pagado mucho», o terminar de ver una película mala «porque ya la has empezado», son ejemplos cotidianos del mismo sesgo.