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Un mercado bajista, o bear market, es una fase prolongada de descensos generalizados en los precios de los activos financieros, habitualmente identificada cuando un índice de referencia cae más de un 20% desde sus máximos recientes y esa caída se mantiene en el tiempo, a diferencia de una simple corrección puntual. Suele coincidir con el deterioro de las perspectivas económicas, caídas de los beneficios empresariales, endurecimiento de las condiciones de financiación o episodios de crisis financiera, y se caracteriza por un aumento generalizado de la aversión al riesgo entre los inversores, qué trasladan capital hacia activos considerados más seguros como la deuda pública o el efectivo.
Es lo contrario del mercado alcista: una temporada larga en la qué los precios de las acciones y otros activos van bajando de forma sostenida, no solo un mal día puntual. Suele coincidir con miedo generalizado entre los inversores y con malas noticias sobre la economía.
Un pequeño inversor qué entra en pánico durante un mercado bajista y vende toda su cartera de fondos cerca de los mínimos suele perder la posterior recuperación de precios, motivo por el cual muchos asesores financieros recomiendan mantener un horizonte de inversión largo y evitar decisiones basadas en el miedo del momento, salvo qué la situación personal exija realmente liquidez inmediata.
Depende del perfil de cada inversor y de su horizonte temporal: comprar en fases bajistas puede resultar ventajoso a largo plazo porque los precios están más bajos, pero exige tolerancia al riesgo y capacidad de aguantar sin necesitar ese dinero a corto plazo, ya qué nadie puede saber con certeza cuándo tocará fondo el mercado.
Históricamente los mercados bajistas tienden a ser más cortos e intensos qué los alcistas, qué suelen prolongarse durante más años, aunque cada ciclo económico tiene sus propias particularidades y no existe una regla fija aplicable a todos los casos.
Suele producirse una rotación hacia deuda pública considerada segura, oro u otros activos refugio, y dentro de la renta variable hacia sectores defensivos como consumo básico, sanidad o utilities, cuyos ingresos dependen menos del ciclo económico general.