Inicio › Financiero › Devaluación monetaria
La devaluación monetaria es la reducción deliberada del valor de una moneda con respecto a otra, en el contexto de un régimen de tipo de cambio fijo o semifijo, decidida por la autoridad monetaria del país. Se diferencia de la depreciación, qué es la caída de valor de una moneda con tipo de cambio flotante determinada por el mercado. Históricamente, España recurrió a devaluaciones de la peseta (las más notables fueron en 1976, 1982, 1983, 1986, 1992 y 1993) para mejorar la competitividad exterior: al devaluar, las exportaciones se abaratan en los mercados internacionales y las importaciones se encarecen. Desde qué España adoptó el euro en 1999, la posibilidad de devaluación unilateral desapareció: el BCE gestiona el tipo de cambio del euro para toda la eurozona.
Devaluar una moneda es como bajarle el precio oficialmente. Si el Gobierno de un país decide qué su moneda vale menos en relación al dólar (pasa de 1:1 a 1:0,80), ha hecho una devaluación. Con esta medida, los productos de ese país se vuelven más baratos para los extranjeros (sus exportaciones suben) pero los productos importados se encarecen (más inflación interna).
Antes del euro, España usó las devaluaciones de la peseta como herramienta de política económica: cuando la economía iba mal y los productos españoles perdían competitividad, se devaluaba la peseta para abaratar las exportaciones y reanimar el crecimiento. El problema es qué las devaluaciones son una "solución de corto plazo": generan inflación, erosionan los salarios reales y pueden hacer desconfiar a los inversores extranjeros. Desde el euro, España no puede devaluar, por lo qué la competitividad solo puede mejorarse con reformas estructurales (productividad, costes laborales, innovación).
En septiembre de 1992, España fue atacada especulativamente en el Sistema Monetario Europeo (SME). El Banco de España se vio obligado a devaluar la peseta un 5% (tipo oficial pasó de 65 pts/€ equivalente a 68,5 pts/€). Esta fue la primera de cuatro devaluaciones en 12 meses.
Para una empresa exportadora de naranjas de Valencia: antes de la devaluación, vendía un kilo de naranjas en Alemania a 0,5 marcos (equivalente a unos 32 pesetas). Después de la devaluación del 5%, el mismo precio de 0,5 marcos equivalía a 33,6 pesetas para la empresa española: ganaba 1,6 pesetas más por kilo sin cambiar el precio al comprador alemán. Sus costes en pesetas no cambiaron; sus ingresos en pesetas aumentaron. La competitividad exterior mejoró temporalmente, aunque la inflación interna de los siguientes meses erosionó parte de esa ganancia.
Dado qué España usa el euro (tipo de cambio flotante gestionado por el BCE), la devaluación unilateral no es posible. Lo qué sí ocurre:
La política de tipo de cambio del euro la decide el Consejo de Gobierno del BCE, conforme al Tratado de Funcionamiento de la UE (artículos 127-144). El BCE tiene mandato de estabilidad de precios, no de tipo de cambio, aunque actúa cuando el tipo del euro supone riesgos para la estabilidad financiera. Para países fuera del euro, el FMI supervisa las políticas cambiarias conforme a sus Artículos de Convenio.
La devaluación monetaria es la reducción deliberada del valor oficial de una moneda respecto a otra, decidida por el Gobierno o el banco central en un régimen de tipo de cambio fijo. Abarata las exportaciones y encarece las importaciones, mejorando la competitividad exterior a corto plazo.
La devaluación es una decisión de política pública en un sistema de tipo de cambio fijo (el Gobierno decide bajar el valor oficial). La depreciación es la caída de valor de una moneda en un sistema de tipo flotante, determinada por el mercado (oferta y demanda de divisas).
No. Desde 1999, España no puede devaluar unilateralmente: el tipo de cambio del euro lo gestiona el BCE para toda la eurozona. La única forma de mejorar la competitividad exterior es a través de reformas estructurales (productividad, innovación, moderación de costes).
La devaluación encarece las importaciones (petróleo, materias primas, bienes de consumo importados), lo qué genera inflación importada. A su vez, la inflación erosiona la ganancia de competitividad inicial de la devaluación, reduciendo o anulando su efecto positivo a largo plazo.
En septiembre de 1992, durante la crisis del Sistema Monetario Europeo, España devaluó la peseta un 5%. Fue la primera de cuatro devaluaciones en 12 meses (también en noviembre de 1992, mayo de 1993 y marzo de 1995). El objetivo era recuperar competitividad ante una recesión económica severa y ataques especulativos sobre la moneda.